La reciente incursión en la vivienda de Nemesio Osegueras, conocido como "El Mencho", ex líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, ha puesto de manifiesto la intersección entre la religión y el narcotráfico en México. Durante la operación, las autoridades encontraron una variedad de objetos religiosos, lo que subraya cómo la fe se entrelaza en la vida de muchos involucrados en actividades delictivas.

Este fenómeno no es nuevo, ya que en diversas regiones del país, los integrantes de cárteles recurren a la devoción religiosa para solicitar protección, éxito en sus operaciones y salvaguardar a sus familias. Las figuras veneradas van desde santos reconocidos por la Iglesia católica, como San Judas Tadeo y el Santo Niño de Atocha, hasta personajes populares no aprobados oficialmente, como Jesús Malverde y la Santa Muerte. La presencia de altares y ofrendas en territorios controlados por el narcotráfico ilustra la compleja relación entre la religiosidad popular y las actividades ilícitas.

Los devotos de estos santos buscan ayuda en momentos de crisis, en particular San Judas Tadeo, a quien se le invoca en situaciones de peligro o durante encarcelamientos. La Virgen de Guadalupe, por su parte, es considerada un símbolo de protección y compasión, a la que muchos acuden en busca de apoyo espiritual, sin importar el contexto de sus acciones. Otros santos, como San Charbel y San Ramón Nonato, también son invocados por quienes enfrentan riesgos extremos, ofreciendo una mezcla de fe y pragmatismo en un entorno marcado por la violencia y la incertidumbre.