El expríncipe Andrés, figura emblemática de la realeza británica, ha visto su imagen devastada tras una entrevista realizada en noviembre de 2019, en medio de un escándalo que involucró su relación con el financista Jeffrey Epstein. El 19 de febrero, fue detenido brevemente por presuntos delitos relacionados con su conducta en funciones públicas y la divulgación de secretos de la Corona. Lo que comenzó como una crisis de reputación por su asociación con Epstein se transformó en uno de los mayores escándalos recientes para la monarquía británica, especialmente después de su polémica aparición en un programa de la BBC.

La situación se tornó más complicada cuando Epstein, arrestado en julio por tráfico sexual de menores, falleció en prisión en agosto, lo que intensificó las críticas hacia el expríncipe. En un intento por aclarar su postura, Andrés participó en una entrevista con la periodista Emily Maitlis, que duró casi una hora. Sin embargo, en lugar de apaciguar la tormenta mediática, sus declaraciones lograron el efecto contrario, deteriorando aún más su reputación.

Durante la entrevista, Andrés intentó minimizar su relación con Epstein, afirmando que no eran “muy buenos amigos”, a pesar de haber coincidido en varias ocasiones y de haberse alojado en alguna de sus propiedades. La periodista lo confrontó sobre sus comentarios, destacando la gravedad de las acusaciones en torno a Epstein. Entre las afirmaciones más impactantes, el expríncipe admitió que su decisión de visitar a Epstein en 2010 estuvo “influenciada” por su “tendencia a ser demasiado honrado”, una justificación que no convenció al público, así como su intento de desmentir las acusaciones de Virginia Giuffre, quien aseguró haber mantenido relaciones sexuales con él cuando era menor.

La entrevista se convirtió en un fenómeno mediático, no solo por el contenido, sino también por las reacciones que suscitó. Frases como “ir a Pizza Express en Woking es algo inusual para mí” se volvieron virales, reflejando la incredulidad y el asombro de la audiencia ante sus explicaciones. La imagen del expríncipe Andrés, antes asociada a la realeza, se ha visto severamente perjudicada, y su futuro dentro de la familia real británica se presenta incierto.