El nexo entre el sistema digestivo y la salud mental ha dejado de ser un simple tópico de conversación. Investigadores del Hospital Houston Methodist sostienen que existe un eje intestino-cerebro que actúa como un canal biológico de comunicación, afectando tanto el bienestar gastrointestinal como el estado emocional de las personas. Este vínculo puede tener repercusiones significativas en trastornos como la ansiedad, la depresión y la inflamación intestinal.

El gastroenterólogo Dr. Eamonn Quigley explica que el intestino alberga una red de nervios sensoriales que envían señales al cerebro a través de la médula espinal y el nervio vago. Este proceso permite que el cerebro reconozca las señales y, en algunos casos, responda enviando información de vuelta al intestino, lo que puede modificar la motilidad intestinal o la secreción de sustancias. La interacción entre ambos sistemas es bidireccional: el estrés puede alterar el funcionamiento del intestino, mientras que afecciones digestivas pueden influir en el estado anímico.

El impacto de la salud emocional en el intestino se hace evidente en situaciones de estrés, que pueden provocar síntomas como diarrea, náuseas o dolores abdominales. Según Quigley, "el cerebro actúa directamente sobre el intestino en momentos de tensión". Además, personas que sufren del síndrome del intestino irritable o enfermedades inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, tienen una mayor predisposición a desarrollar ansiedad o depresión, creando así un ciclo complicado de síntomas interrelacionados. La investigación también destaca el papel crucial del microbioma intestinal en esta relación, sugiriendo que su modulación a través de probióticos podría ayudar a aliviar síntomas de trastornos mentales como la ansiedad y la depresión.