La ceniza del volcán Etna, tradicionalmente considerada un problema por los habitantes de las áreas circundantes, ha comenzado a ser vista como una oportunidad para potenciar la agricultura. Durante años, la caída de ceniza sobre cultivos y caminos generó preocupaciones por la contaminación y gastos adicionales en limpieza. Sin embargo, la acumulación persistente de este material ha llevado a los productores y autoridades a replantear su uso y encontrar formas de convertirla en un recurso agrícola.

En las localidades cercanas al Etna, la ceniza volcánica se convierte en un fenómeno habitual, especialmente tras las erupciones del volcán, que es el más alto y activo de Europa. En promedio, se generan alrededor de 12.000 toneladas de ceniza cada día, que pueden ser transportadas por el viento a distancias de hasta 800 kilómetros. Durante episodios recientes, como el de julio de 2024, la ciudad de Catania, situada al pie del volcán, llegó a recibir hasta 17.000 toneladas diarias. Las labores de limpieza, en esos casos, pueden extenderse por semanas.

Un proyecto de la Universidad de Catania ha impulsado un cambio significativo en la percepción de la ceniza volcánica, explorando su potencial como fertilizante natural. La investigación indica que la ceniza, rica en hierro, aluminio y sílice, puede enriquecer los suelos y mejorar el drenaje, favoreciendo así el crecimiento de diversas cosechas. Además, se han identificado usos alternativos para la ceniza, como en la construcción de carreteras y la fabricación de materiales de aislamiento. Productores locales, como Andrea Passanisi y Emilio Sciacca, ya están aplicando la ceniza en sus cultivos, destacando su papel en la agricultura sostenible y el respeto por el medio ambiente.