Ubicada en el sureste de Cracovia, la Mina de Sal de Wieliczka se ha convertido en una de las atracciones más sorprendentes de Europa. Cada día, miles de visitantes recorren sus túneles y cámaras, maravillándose con formaciones geológicas excepcionales y esculturas elaboradas en sal. Este sitio, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es un verdadero compendio de historia, arte y naturaleza en un entorno subterráneo único.
Con más de 700 años de historia, la mina fue un pilar económico para la región hasta 1996, año en que se detuvo la extracción de sal. A pesar de ello, su vasta red de túneles, que se extiende por más de 240 kilómetros, sigue atrayendo a turistas de todo el mundo, quienes solo pueden explorar una pequeña fracción de su extensión original. El recorrido incluye interminables escaleras, paredes de sal gris y cámaras decoradas con impresionantes candelabros y relieves, mientras guías expertos invitan a los visitantes a degustar la sal y experimentar su textura.
A profundidades que alcanzan los 330 metros, la mina alberga nueve niveles de galerías donde los mineros, a lo largo de generaciones, esculpieron espacios ornamentados que aún hoy mantienen su esplendor. La mezcla de cloruro de sodio y minerales como arena y arcilla otorgan a las paredes su distintivo color gris. Además, el lugar conserva lagos salinos y obras de arte talladas a mano, aunque solo el 2% de los túneles está abierto al público. Esta pequeña porción permite apreciar la magnitud del esfuerzo humano y la riqueza geológica de la mina, que durante siglos fue un motor económico clave en Europa, especialmente bajo el reinado de Casimiro III, quien utilizó los ingresos de la sal para financiar obras públicas y la universidad más antigua de Polonia.



