En un ataque aéreo realizado el viernes, Israel eliminó a al menos ocho combatientes de Hezbollah en el este de Líbano. Las ofensivas se centraron en la región de Baalbek y el valle de la Becá, zonas ya conocidas por su inestabilidad. Además, los bombardeos también impactaron en objetivos vinculados a Hamas en el sur del país, lo que incrementó la tensión en una área conflictiva.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que sus operaciones apuntaron a tres centros de comando de Hezbollah situados en Baalbek. Según la IDF, estos sitios estaban relacionados con la estructura de misiles del grupo, que se encontraba preparando ataques potenciales contra Israel y acelerando su proceso de rearme. El ejército israelí advirtió que estas acciones representan una violación de los acuerdos de alto el fuego y reafirmó su compromiso de responder a cualquier amenaza, al tiempo que mantiene su interés en cesar las hostilidades.

Hezbollah confirmó la muerte de ocho de sus militantes, llevando a cabo ceremonias fúnebres en Baalbek, donde cientos de personas, enarbolando banderas del grupo, se dieron cita. Mahmud Qamati, líder del grupo extremista, calificó el ataque como una "nueva masacre y agresión" en una declaración transmitida por la cadena Al Manar. El Ministerio de Salud de Líbano reportó un total de diez fallecimientos en el este y dos más en el sur debido a los ataques, mientras que los servicios de emergencia trabajaban en la remoción de escombros en áreas residenciales afectadas, donde se encontraban miembros de Hezbollah antes de los bombardeos.