En el sur de Inglaterra, a pocos kilómetros de Londres, se encuentra un pueblo que ha permanecido inalterado durante más de ochenta años. Imber, ubicado en la vasta y solitaria llanura de Salisbury, en el condado de Wiltshire, fue evacuado en 1943 por orden del Ministerio de Defensa británico, lo que lo convirtió en un asentamiento fantasma.
Este pueblo, que alguna vez albergó una activa comunidad agrícola, se ha convertido en un símbolo de las consecuencias que pueden acarrear las decisiones políticas y los conflictos bélicos en la vida de las personas y en el entorno rural británico. Aunque actualmente está completamente deshabitado, Imber cuenta con una rica historia que se remonta a casi mil años, con registros de asentamientos que datan del 967 d.C.
Imber fue mencionado en el célebre libro Domesday de 1086, donde se describía como una pequeña comunidad con aproximadamente 50 habitantes. A lo largo de los siglos, su población creció, alcanzando los 440 residentes en 1851. Sin embargo, con el avance del siglo XX, muchos de sus habitantes comenzaron a emigrar en busca de mejores oportunidades laborales, lo que llevó a una disminución drástica de la población antes de su evacuación definitiva durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el área fue convertida en un campo de entrenamiento militar.



