El panorama económico de Centroamérica y el Caribe está atravesando una transformación significativa. De acuerdo con las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), expuestas en su informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, Guatemala se consolidará en 2026 como la segunda economía más fuerte de la región, superando a naciones tradicionales y estableciendo un liderazgo fundamentado en una sólida estabilidad macroeconómica.
Este avance representa un notable cambio en el orden económico regional. En 2024, Puerto Rico ocupaba el primer lugar, seguido por República Dominicana, mientras que Guatemala se situaba en el tercer puesto. Sin embargo, para 2026, el panorama se ha modificado: República Dominicana ha ascendido al primer puesto, Guatemala se posiciona en segundo lugar y Puerto Rico desciende al tercer puesto.
La economía guatemalteca tiene una importancia destacada, representando el 39% del Producto Interno Bruto (PIB) de Centroamérica. A pesar de que las proyecciones del FMI de octubre pasado anticipan un crecimiento del 3.6% en el PIB, las autoridades guatemaltecas muestran un optimismo mayor, con estimaciones que alcanzan el 4.1%. Este crecimiento es notablemente superior al promedio regional, lo que ha permitido a Guatemala avanzar frente a economías como Panamá y Costa Rica. Según Pedro Prado, especialista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), el éxito de Guatemala se debe a una estabilidad macroeconómica sólida y duradera.
Un aspecto clave en este crecimiento es el ingreso de remesas, que ha sido fundamental para estimular el consumo y mantener un crecimiento sostenido. A diferencia de otras naciones que dependen de sectores más inestables, el consumo interno guatemalteco, impulsado por las remesas, ha fortalecido la economía ante posibles crisis externas. Superar a Puerto Rico no solo implica un cambio en el ranking, sino que también posiciona a Guatemala como un destino atractivo para la inversión internacional. No obstante, el FMI advierte que el desafío principal sigue siendo convertir este crecimiento en mejoras tangibles en los indicadores sociales y de distribución de la riqueza.



