La administración de Donald Trump ha implementado una política más firme hacia América Latina, presentando una elección clara para los países de la región: alinearse con Estados Unidos o con el régimen chino. Este enfoque ha sido analizado en un artículo que resalta la intención de Washington de frenar el crecimiento económico y la influencia política de Beijing, que consideran una amenaza para su seguridad nacional y la estabilidad del continente.

Según los analistas, la estrategia estadounidense se basa en la revitalización de la Doctrina Monroe, que sostiene que la supremacía de Estados Unidos en el hemisferio es crucial para proteger sus intereses y fortalecer su poder global. Desde la perspectiva de la Casa Blanca, mantener una posición dominante en América Latina es esencial para proyectar influencia en otras regiones estratégicas, como el Indo-Pacífico.

La creciente presencia de empresas chinas y proyectos vinculados al Partido Comunista en la región ha llevado a Washington a actuar. Un portavoz del Departamento de Estado ha señalado que la expansión china plantea riesgos a la seguridad y prosperidad de Estados Unidos, especialmente debido a prácticas comerciales desleales. En este contexto, la administración ha tomado medidas concretas, como la detención del líder venezolano Nicolás Maduro, cuyas conexiones con Beijing han sido vistas como un desafío que debe ser enfrentado.