El portaaviones USS Abraham Lincoln lleva 237 días desplegado en Medio Oriente y continúa operativo después de varios meses en el mar. La guerra con Irán y la crisis en torno al estrecho de Ormuz modificaron en reiteradas ocasiones los planes de la Marina estadounidense, que había previsto el regreso del buque a puerto. La permanencia se convirtió en un récord de despliegue continuo para un portaaviones de Estados Unidos, aunque también expone el desgaste de la tripulación y de la estructura logística que sostiene sus operaciones.
La extensión de la misión excede la cuestión del calendario. Cada jornada adicional exige mantener a miles de personas embarcadas, sostener las operaciones aéreas, reponer municiones y repuestos y garantizar el abastecimiento a miles de kilómetros del territorio estadounidense. El buque no pudo cumplir el ciclo habitual de regreso, descanso y recuperación, mientras la intensidad de las tareas se mantiene durante una misión prolongada.
Andrei Serbin Pont advirtió que el despliegue genera una presión extraordinaria tanto sobre el personal como sobre el material. “Lleva más de 200 días desplegado en operaciones militares, o sea, operaciones de guerra directamente. Esto está poniendo un estrés muy grande sobre el personal, los 5.000 efectivos que están a bordo, hombres y mujeres”, señaló.
El especialista detalló que “unos 3.000 y pico son el personal que opera el portaaviones y después el resto están vinculados con lo que es el ala aérea del portaaviones”. Se trata de personas que llevan meses trabajando y viviendo a bordo del USS Abraham Lincoln, en un contexto que prolongó la exigencia operativa y logística del buque más allá de los plazos inicialmente previstos.



