Santiago de Compostela fue el escenario elegido para el regreso triunfal de El Último de la Fila, una de las bandas más icónicas de la música española, que se presentó ante un público entusiasta el pasado sábado. En un evento que marcó su regreso a los escenarios después de casi tres décadas de ausencia, el vocalista Manolo García compartió con sus seguidores una profunda reflexión: "Si vivimos en el presente, el tiempo no pasa". Este mensaje no solo resonó en el ambiente festivo del concierto, sino que también sirvió como una invitación a valorar el momento actual, en un mundo que a menudo parece correr demasiado rápido.
El concierto, que tuvo lugar en el Auditorio de Monte do Gozo, comenzó puntualmente a las diez de la noche y se extendió por casi tres horas. García, conocido cariñosamente como 'Manoliño', se dirigió a la audiencia en gallego, expresando su alegría por regresar a una tierra que considera "tocada por los dioses". En el transcurso de la noche, el cantante no solo ofreció un repertorio de sus grandes éxitos, sino que también dedicó un tiempo significativo a abordar temas sociales, enfatizando la necesidad de proteger la agricultura, la ganadería y la pesca gallega, que considera esenciales para una alimentación de calidad.
A lo largo del evento, las emociones se entrelazaron con la música, y el público disfrutó de clásicos como 'Huesos', 'Conflicto armado' y 'La piedra redonda', entre otros. García animó a los presentes a reflexionar sobre el futuro y a pensar en las próximas generaciones, recordando la responsabilidad que todos tenemos hacia el medio ambiente y la cultura local. Su intervención fue recibida con aplausos y vítores, destacando el compromiso de la banda con su entorno y su afán por generar conciencia en sus seguidores.
El guitarrista Quimi Portet también compartió su satisfacción ante la gran concurrencia, recordando los inicios de la banda, cuando los conciertos solían tener un público mucho más reducido. "Cuando empezamos, venía poquita gente y Manolo solía decir: id y multiplicaos", reflexionó, agradeciendo a los asistentes por su apoyo incondicional a lo largo de los años. Este sentido de comunidad fue palpable durante toda la velada, con el público participando activamente, cantando y aplaudiendo cada interpretación.
El evento tuvo un inicio algo incierto, ya que la banda había anunciado inicialmente un concierto en Riazor, pero las circunstancias obligaron a cambiar de lugar. Sin embargo, esa modificación no disminuyó el entusiasmo de los fans, quienes colmaron el auditorio para celebrar el reencuentro con sus ídolos. La conexión entre la banda y su público fue evidente, creando un ambiente de camaradería y celebración que perduró hasta el final del espectáculo.
El cierre del recital fue igualmente sorprendente, con García interpretando una ranchera mexicana y Portet una jota navarra, simbolizando un "hermanamiento" cultural que resonó en los corazones de todos los presentes. La última canción, 'Insurrección', se convirtió en un himno de despedida, donde García lanzó un ferviente llamado a cuidar el país gallego, reafirmando el compromiso de la banda con su tierra y su gente. A pesar de la lluvia que cayó al inicio del evento, el clima terminó por despejarse, dejando solo espacio para la música de una de las bandas más queridas de España.



