La modalidad de trabajo remoto ha dejado de ser una opción temporal vinculada a la pandemia y se ha establecido como una alternativa permanente en el ámbito laboral. Si bien se destacan sus ventajas en términos de conciliación laboral y eficiencia, el fenómeno también tiene un lado menos favorable. El avance del teletrabajo está redefiniendo la distribución salarial dentro de las empresas, intensificando las disparidades entre empleados que realizan funciones similares.
Un análisis realizado por economistas de la Reserva Federal de San Francisco, la Universidad Bocconi y la Queen Mary University of London revela que quienes trabajan desde casa perciben, en promedio, salarios por hora un 35% más altos que aquellos que lo hacen de manera presencial. Aunque este dato puede interpretarse como una ventaja del teletrabajo, el estudio sugiere una interpretación más compleja. La diferencia salarial no se debe únicamente a la modalidad de trabajo, sino más bien a la naturaleza de los puestos que permiten el trabajo remoto.
Los empleos que suelen ofrecer la opción de teletrabajo suelen requerir un nivel educativo más alto y una especialización que, a su vez, se traduce en mejores remuneraciones. En contraste, las posiciones que requieren presencia física, típicas de sectores con salarios más bajos, no tienen acceso a esta modalidad. Al comparar empleados con características similares, la ventaja salarial del teletrabajo se reduce considerablemente, pasando del 35% al 12% y hasta un 6,6% al considerar variables como edad, género y antigüedad. Esto sugiere que el teletrabajo no es la causa de salarios más altos, sino más bien una consecuencia de la capacidad de negociación y el perfil profesional de los empleados, lo que podría contribuir a una creciente desigualdad salarial interna.



