El Departamento de Defensa de Estados Unidos adjudicó a Boeing un contrato valuado en 20.000 millones de dólares, equivalentes a unos 17.500 millones de euros, para desarrollar el nuevo caza de ataque F/A-XX, un avión de sexta generación destinado a la Armada estadounidense.

El acuerdo también contempla la fabricación de varias aeronaves de prueba. Esos equipos serán utilizados para realizar ensayos en tierra, evaluaciones de aeronavegabilidad y pruebas de sistemas y de integración de armamento, de acuerdo con los objetivos establecidos para el programa.

El futuro caza está diseñado para ampliar la proyección de poder desde los portaaviones y extender el alcance operativo de la flota naval estadounidense. Además, podrá operar junto con plataformas tripuladas y no tripuladas, entre ellas los aviones de combate colaborativos (CCA), y aumentar las capacidades de cada una de esas aeronaves durante las operaciones conjuntas.

La adjudicación constituye la segunda que Boeing recibe de la Administración Trump para el desarrollo de cazas de sexta generación. En paralelo, continúan los trabajos para completar una planta de fabricación segura en la ciudad de San Luis, que se presenta como la más grande de Estados Unidos.

El Pentágono afirmó que el desarrollo del nuevo avión de ataque permitirá “garantizar la seguridad de los cielos” y “brindar paz mediante la fuerza durante las próximas décadas”. También describió al F/A-XX como un salto generacional en materia de superioridad aérea, con capacidades destinadas a que los aviadores puedan combatir, imponerse y regresar a salvo.