Carlos Menem llegó a la Presidencia el 14 de mayo de 1989 con un discurso de corte populista, pero pronto abandonó aquellas promesas y adoptó el reaganismo tardío que predominaba en Estados Unidos. También dejó de lado los acuerdos con sectores del mundo árabe que habían financiado su campaña, junto con el salariazo y la revolución productiva que había anunciado.

Cuando Menem asumió, George Bush ya gobernaba Estados Unidos y el mundo se encaminaba hacia la caída del Muro de Berlín, seguida poco después por la disolución de la Unión Soviética. El presidente argentino avanzó por el camino que había prometido recorrer su rival derrotado, el radical Eduardo Angeloz. Lo hizo impulsado por el instinto de supervivencia y por una convicción sostenida en el pragmatismo, mientras el mundo occidental celebraba el derrumbe del comunismo real y China comenzaba a insinuarse como una potencia.

Treinta y cuatro años después, en diciembre de 2023, Javier Milei llegó al poder con China ya consolidada como una fuerza global de enorme peso. Pekín había puesto en cuestión la hegemonía estadounidense y provocado una reacción cada vez más intensa en ese país, que llevó a Donald Trump a la Presidencia por primera vez en 2017. La fortaleza del vínculo entre Milei y Trump, según esta mirada, prescinde de la profunda distancia ideológica entre ambos: el republicano utilizó al Estado para distorsionar, corregir y renegociar el sistema comercial mundial.