La noche del 2 de diciembre de 1943, un ataque aéreo alemán golpeó el puerto de Bari, en la costa adriática de Italia, y provocó una emergencia en el 98.º Hospital General Británico. Los primeros heridos llegaron cubiertos de un petróleo espeso, después de saltar de barcos en llamas o atravesar a nado las aguas del puerto, donde el combustible ardía sobre la superficie. Sin que el personal lo supiera, parte de esa mezcla contenía gas mostaza.
Las enfermeras atendían a los sobrevivientes a la luz de lámparas de aceite. El hospital, ubicado a unos 15 minutos del puerto, también había sufrido los efectos del bombardeo: las explosiones arrancaron puertas, rompieron ventanas y derribaron los ladrillos que tapiaban algunas aberturas. E. M. Somers Cocks, una enfermera neozelandesa, recordó que el edificio “crujía y se sacudía, meciéndose como un barco en medio de una tormenta”.
El ataque comenzó a las 19.35, cuando aviones alemanes Junkers Ju-88 volaron a baja altura sobre Bari. La ciudad había sido ocupada por los británicos y funcionaba como un punto de abastecimiento para unos 500 mil soldados aliados desplegados en la campaña de Italia. Además, en los imponentes edificios del puerto operaba el cuartel general de la Decimoquinta Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Por la magnitud y el impacto de la ofensiva, el bombardeo fue comparado con un “pequeño Pearl Harbor”. Mientras continuaban las explosiones, el personal del hospital recogía los vidrios y recibía a los marineros afectados por el incendio y el petróleo contaminado, sin conocer todavía la presencia del gas mostaza en el puerto.



