El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha expresado su preocupación por las políticas económicas implementadas por el gobierno chino, las cuales, según el organismo, están provocando un despilfarro interno y repercusiones adversas en otras naciones. En su reciente revisión anual de la economía de China, conocida como consulta del Artículo IV, el FMI instó a una transformación hacia un modelo que priorice el consumo interno.

Los directores ejecutivos del FMI señalaron que la transición hacia un crecimiento impulsado por el consumo debería ser la principal prioridad de China. El informe enfatiza que el actual modelo, que se basa en la producción y las exportaciones, está generando desequilibrios tanto a nivel nacional como global. En este sentido, el FMI destacó el elevado superávit por cuenta corriente del país, que afecta negativamente a sus socios comerciales y se ve impulsado por la reciente depreciación del renminbi, lo que encarece las importaciones y mejora la competitividad de los productos chinos.

El análisis del FMI coincide con las críticas de Estados Unidos y otras naciones desarrolladas, así como con las advertencias de economistas que han señalado los efectos de la creciente capacidad exportadora china. A pesar de estas observaciones, el representante de China en el FMI, Zhengxin Zhang, defendió el crecimiento exportador del país, argumentando que se debe a su competitividad y capacidad de innovación. Sin embargo, el FMI insistió en la necesidad de un cambio fundamental en el enfoque económico chino y propuso medidas que incluyan un estímulo fiscal más robusto, con el objetivo de restaurar la confianza del consumidor y abordar el exceso de viviendas sin terminar en el mercado inmobiliario.