En la última década, el papel del dólar como moneda de referencia en la economía mundial ha comenzado a cuestionarse, dando lugar a un debate sobre la posible desdolarización. Este fenómeno ha cobrado fuerza debido al ascenso de potencias que no se alinean con los intereses de Estados Unidos, como es el caso de China, junto con naciones que enfrentan sanciones por parte de Occidente, como Rusia. Además, la política comercial del expresidente Donald Trump ha generado desconfianza entre algunos de los aliados tradicionales de EE. UU., como la Unión Europea, lo que ha contribuido a una creciente incertidumbre respecto al futuro del dólar.
En este contexto, los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) revelan que la participación del dólar en las reservas de los bancos centrales a nivel global ha mostrado una tendencia a la baja. En 2005, el dólar representaba el 64,9% del total de reservas, mientras que se proyecta que esta cifra se reduzca al 56,7% para finales de 2025. A pesar de estas cifras, los avances hacia una desdolarización no son definitivos. El euro, aunque es la segunda moneda más utilizada, ha caído a un 20% de las reservas, un descenso significativo en comparación con cifras anteriores. Por su parte, el yuan renminbi se mantiene en un modesto 2%.
La analista internacional María Haro Sly ha comentado que, a pesar de la disminución del porcentaje de reservas en dólares, el comercio bilateral sigue siendo dominado casi en su totalidad por esta moneda. Sly describe la hegemonía del dólar como un "privilegio exorbitante" que no puede entenderse únicamente desde una perspectiva económica convencional. En su opinión, el hecho de que EE. UU. sea el país más endeudado del mundo contradice la idea de que su fortaleza económica provenga de la estabilidad de su moneda.
Federico Vaccarezza, economista y secretario del Departamento de Europa en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, refuerza esta visión, señalando que el dólar continúa siendo el rey indiscutido en múltiples aspectos: reservas internacionales, deudas soberanas, financiamiento bancario y mercados de capitales. En su análisis, Vaccarezza menciona que incluso el petróleo sigue siendo mayormente comercializado en dólares, lo que reafirma la importancia de esta moneda en tiempos de crisis global, donde el dólar se convierte en el refugio preferido por los inversores.
Sin embargo, el economista reconoce que, aunque están emergiendo alternativas, no existe una moneda que pueda reemplazar al dólar en términos de su influencia y aceptación a nivel mundial. Esto plantea un interrogante sobre el futuro de la economía global y la posibilidad de que otras monedas, como el yuan, puedan alcanzar un estatus similar al del dólar.
Respecto al yuan, Haro Sly subraya que, a pesar de que China posee la infraestructura financiera necesaria para activar mecanismos de swaps con más de 40 países, su uso en el comercio bilateral permanece como una fracción menor. La analista considera que la internacionalización del yuan enfrenta obstáculos significativos, dado que el sistema bancario chino está fuertemente regulado por el Estado, lo que limita la convertibilidad y disponibilidad de la moneda en contextos internacionales, salvo en lugares como Hong Kong. Esto plantea un desafío adicional para aquellos que ven al yuan como una alternativa viable al dólar en un futuro cercano.
En conclusión, el panorama monetario global está en constante evolución y, aunque el dólar enfrenta desafíos significativos, su papel como reserva de valor parece estar consolidado por el momento. Las discusiones sobre la desdolarización son pertinentes, pero el camino hacia una economía global menos dependiente del dólar aún parece largo y complejo.



