En los últimos meses, se ha observado un cambio significativo en la forma en que altos ejecutivos, directores y figuras públicas utilizan ChatGPT. Esta herramienta, que antes era considerada marginal, se ha integrado en el proceso de toma de decisiones estratégicas, siendo empleada para estructurar operaciones comerciales, evaluar inversiones y diseñar estrategias corporativas. Sin embargo, su uso conlleva riesgos que pueden tener consecuencias legales y reputacionales si se convierten en evidencia en contextos judiciales o regulatorios.

Un aspecto que no siempre se considera es que las interacciones realizadas a través de esta plataforma pueden ser relevantes en procesos judiciales. Aunque ChatGPT puede parecer una herramienta privada, su uso en el ámbito corporativo plantea desafíos en términos de conservación de datos y trazabilidad. Borrar un chat no garantiza su eliminación definitiva, ya que en entornos corporativos pueden existir registros internos que amplían la cantidad de información disponible, lo que resalta el error estratégico de asumir que lo digital es efímero.

Además, en investigaciones de índole penal o comercial, los magistrados pueden acceder a información almacenada en dispositivos o a través de requerimientos a los proveedores de servicios digitales. Esto subraya la importancia de que las empresas adopten una postura proactiva en la gestión de riesgos asociados al uso de tecnologías como ChatGPT, combinando la prevención con un gobierno corporativo sólido y estrategias de gestión de crisis.