Los Gobiernos de Argentina y Estados Unidos pusieron en marcha el Corredor Andes-Atlántico, un marco bilateral orientado a modernizar la infraestructura que vincula las principales zonas productivas argentinas con los puertos del Atlántico y los mercados occidentales. El anuncio fue comunicado por representantes diplomáticos de ambos países luego de una reunión bilateral realizada al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York.
La iniciativa busca canalizar inversiones públicas y privadas hacia proyectos de largo plazo en transporte, energía, minería e infraestructura digital. También apunta a consolidar cadenas de suministro consideradas estratégicas para los dos países y a mejorar las condiciones para la salida al exterior de recursos argentinos, entre ellos minerales críticos, petróleo y gas.
En ese marco, el esquema contempla nuevas inversiones en ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos y redes de generación y transmisión eléctrica. Según lo informado, esas obras estarían acompañadas por tecnologías consideradas confiables, con el objetivo de elevar el rendimiento de la infraestructura y reforzar su ciberseguridad.
La cooperación se organiza en cuatro áreas prioritarias. En materia de transporte, ambos gobiernos procuran definir las obras necesarias para recuperar, ampliar y modernizar ferrocarriles, rutas fluviales y puertos. El proyecto también prevé la participación de empresas estatales y privadas en el desarrollo de esas iniciativas, aunque el material difundido no detalla las otras áreas de trabajo ni los proyectos específicos incluidos en cada una.



