Estados Unidos ha realizado el mayor despliegue de poder aéreo en Oriente Medio desde el año 2003, lo que sitúa al presidente Donald Trump ante una crucial decisión: optar por la diplomacia o actuar militarmente contra Irán. Las recientes negociaciones en Ginebra no lograron cerrar las brechas en torno al programa nuclear iraní ni a su arsenal de misiles, lo que ha intensificado la preocupación regional.

Funcionarios del gobierno y del Pentágono han asegurado que Washington está preparado para llevar a cabo ataques dirigidos en un lapso breve. Esto aumenta el riesgo de represalias en contra de las fuerzas estadounidenses y sus aliados en la región. Mientras tanto, Israel ha comenzado a intensificar sus preparativos para un posible conflicto, en un clima de creciente tensión.

En las últimas semanas, Estados Unidos ha enviado una notable cantidad de aviones de combate F-35, F-22 y F-16, además de sistemas de defensa aérea avanzados como el Patriot y el THAAD. La flota también incluye más de 50 aviones de combate adicionales y dos grupos de ataque de portaaviones, que pronto podrían operar frente a las costas israelíes. Esta escalada militar ha llevado a la administración a considerar diversas opciones, desde ataques a instalaciones nucleares hasta operaciones para desestabilizar el régimen de Teherán, mientras que la diplomacia sigue siendo, según algunos funcionarios, la primera opción del presidente.