Un nuevo informe titulado "Trends in K-12 Education 2026" elaborado por Hanover Research ha revelado una preocupante disparidad en la educación sobre el uso de la inteligencia artificial (IA) entre docentes y estudiantes en escuelas K-12 de Estados Unidos. Este estudio destaca que, a pesar del creciente uso de la IA en diversas áreas, solo el 19% de los alumnos afirma haber recibido orientación de sus maestros sobre cómo utilizar estas herramientas para sus tareas escolares. Esta situación plantea interrogantes sobre el enfoque pedagógico actual y la preparación de las instituciones educativas para integrar tecnologías que son cada vez más relevantes en el mundo moderno.

El informe también señala que el 40% de los educadores y empleados de distritos escolares no cuenta con una política oficial que regule el uso de la inteligencia artificial en sus instituciones. Esta falta de directrices claras podría estar contribuyendo a la escasa formación que reciben tanto docentes como alumnos, lo que resulta en un uso limitado y, a menudo, ineficaz de la IA en el ámbito educativo. La asimetría entre la adopción de la tecnología y la capacitación resulta alarmante, especialmente en un contexto donde la IA tiene el potencial de transformar la forma en que se enseña y se aprende.

Aun cuando el uso de la inteligencia artificial está en aumento, el estudio de Gallup, en colaboración con la Walton Family Foundation, refuerza las conclusiones de Hanover al mencionar que menos del 10% de los educadores han recibido formación específica sobre la IA. En particular, el 58% de los docentes manifestaron que carecen de instrucciones sobre cómo utilizar la IA para calificar trabajos y proporcionar retroalimentación a sus estudiantes. Esto sugiere que, a pesar de la creciente disponibilidad de herramientas tecnológicas, la falta de formación adecuada limita su implementación efectiva en el entorno escolar.

Además de las tareas administrativas y de preparación de clases, que son comúnmente abordadas con la ayuda de la inteligencia artificial, las actividades que requieren interacción directa con los estudiantes, como tutorías y calificaciones personalizadas, son las que menos apoyo institucional reciben. Esto depende en gran medida de la disposición y confianza de los educadores en el uso de estas tecnologías, lo que pone de manifiesto la necesidad de un cambio en la cultura educativa para que la IA sea utilizada de manera más efectiva en las aulas.

El fenómeno no se limita a Estados Unidos, ya que un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ProFuturo, que encuestó a más de 28.000 educadores de varios países latinoamericanos, reveló que la mayoría de los docentes no se siente capacitada para integrar la tecnología de manera educativa. Solo el 27,5% de los participantes indicó haber recibido formación en el uso pedagógico de la tecnología, y aquellos que sí la recibieron mostraron una probabilidad significativamente mayor de alcanzar un nivel básico de competencia digital. Esto pone de relieve la brecha existente en la preparación de los educadores para enfrentar los retos del siglo XXI.

En países como Chile y Brasil, más del 50% de los docentes ya está utilizando herramientas de inteligencia artificial, aunque menos del 10% de las instituciones educativas tiene políticas formales que orienten su uso. Este fenómeno refleja un patrón similar al observado en Estados Unidos, donde el 40% de las instituciones carece de políticas oficiales sobre la IA. La integración efectiva de la inteligencia artificial en la educación requiere no solo de tecnología, sino también de un marco educativo que prepare a los docentes y estudiantes para sacar el máximo provecho de estas herramientas.

En conclusión, la falta de formación y de políticas claras sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo representa una deuda pedagógica que debe ser abordada urgentemente. La educación no puede quedarse atrás en un mundo que evoluciona rápidamente hacia la digitalización y la automatización. Es esencial que tanto las instituciones como los educadores reciban el apoyo necesario para integrar eficazmente estas tecnologías en sus prácticas pedagógicas, asegurando así que todos los estudiantes tengan las herramientas necesarias para prosperar en el futuro.