Investigadores han hecho un hallazgo significativo al encontrar la grabación más antigua de canto de ballenas, realizada en marzo de 1949. Este material, que ha sido recientemente digitalizado, podría cambiar la percepción sobre la comunicación de estos animales y el impacto del ruido en el océano. La grabación fue captada por científicos de la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI) frente a las costas de las Bermudas, y ofrece una ventana a un océano que era casi silencioso en comparación con el actual.
La relevancia de esta grabación radica en su capacidad para documentar cómo se comunicaban las ballenas en una época en la que la contaminación acústica provocada por actividades humanas, como el tráfico marítimo, aún no había alterado el entorno sonoro. Este registro permite a los científicos analizar el efecto del ruido artificial en los comportamientos de las ballenas y cómo han adaptado su comunicación a lo largo del tiempo.
El disco original fue encontrado durante un proceso de digitalización de archivos históricos en Falmouth, Massachusetts. Ashley Jester, directora de datos de investigación y servicios bibliotecarios en WHOI, destacó que los investigadores de esa época mantenían el equipo grabando incluso en momentos de silencio, impulsados por la curiosidad científica. Este esfuerzo ha resultado en la preservación de grabaciones que son cruciales para entender el paisaje sonoro del océano de hace más de 70 años, como lo señala el bioacústico marino Peter Tyack, quien enfatiza la importancia de comparar las vocalizaciones pasadas con las actuales para comprender mejor el impacto del ruido en estas especies.
Más de 90 especies de cetáceos utilizan el sonido como herramienta vital para diversas actividades, desde la socialización hasta la búsqueda de alimento. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), estas vocalizaciones son fundamentales para la cohesión social y la navegación de estos animales. La grabación recuperada presenta el canto de una ballena jorobada, conocida por sus complejas vocalizaciones, lo que subraya la riqueza del comportamiento sonoro en el océano y la necesidad de preservar estos valiosos registros para futuras investigaciones.



