Cuba atraviesa una profundización de sus dificultades económicas y sociales, en un contexto marcado por los cortes de luz, las fallas en el transporte y la escasez de alimentos, agua y medicamentos. La crisis energética afecta de manera reiterada la vida cotidiana de la población y se suma a un deterioro general de las condiciones de vida en la isla.

Un informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) advierte sobre la magnitud de esa situación. Según el documento, el 94% de la población cubana vive en condiciones de pobreza extrema, mientras que el 95% desaprueba la gestión del gobierno.

El estudio fue elaborado a partir de 1318 entrevistas realizadas en 15 provincias y 79 municipios entre junio y julio de 2026. De acuerdo con sus resultados, el 68% de los hogares declara ingresos mensuales inferiores a 20.000 pesos cubanos, equivalentes a unos 30 dólares al cambio vigente. El dato expone la distancia entre los ingresos familiares y el costo de cubrir las necesidades básicas.

En paralelo, el gobierno cubano sostiene que el embargo estadounidense explica buena parte de los problemas que enfrenta el país. Sin embargo, el análisis sobre la crisis también pone el foco en las responsabilidades del propio régimen y en un modelo económico que, según la evaluación presentada, no logra garantizar condiciones mínimas de bienestar. La combinación de la emergencia energética, la falta de productos esenciales y el fuerte rechazo a la gestión oficial configura un escenario de creciente malestar social.