En enero, la isla caribeña de Cuba atendió a 184.833 turistas internacionales, lo que representa una disminución del 5,9% en comparación con el mismo mes del año anterior, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Este descenso marca el nivel más bajo en más de una década, excluyendo los años de restricciones por la pandemia de COVID-19.

El turismo, un pilar fundamental de la economía cubana, ya venía mostrando una tendencia a la baja desde el año pasado, cuando se registraron cifras desalentadoras, las más bajas desde 2002. La caída del turismo se ha visto reflejada en varios mercados clave, con una notable disminución del 40% en los viajes de la comunidad cubana en el exterior, así como una reducción del 50,1% en la llegada de turistas desde Estados Unidos.

Las proyecciones para los próximos meses son inciertas, especialmente con la llegada de la temporada alta. Recientemente, todas las aerolíneas de Canadá y Rusia han suspendido temporalmente sus vuelos hacia Cuba por la escasez de combustible, y varios países han recomendado a sus ciudadanos evitar viajar a la isla. La crisis energética y las tensiones políticas entre Estados Unidos y Cuba también están afectando la llegada de visitantes, lo que resulta preocupante para un sector que es vital para la recuperación económica del país.

En el último año, Cuba recibió un total de 1,8 millones de turistas, muy por debajo del objetivo gubernamental de 2,6 millones. En contraste, otros destinos del Caribe como Punta Cana y Cancún están alcanzando cifras récord en la llegada de visitantes. La situación se complica aún más con la reciente repatriación de casi 4.300 turistas rusos varados en la isla, debido a la falta de combustible para los vuelos, lo que evidencia la magnitud de la crisis actual.