La invasión rusa a Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, prometía un conflicto tradicional caracterizado por el uso de tanques, artillería pesada y ofensivas de infantería. Sin embargo, cuatro años después, el panorama bélico ha cambiado drásticamente. En el este de Ucrania, la guerra es ahora un entorno dominado por drones, donde cualquier movimiento es potencialmente mortal.
Un soldado ucraniano del frente oriental, conocido como Koleso, expresó que "la guerra contemporánea ya no puede concebirse sin los drones". En este nuevo contexto, ambos ejércitos se encuentran en una intensa carrera tecnológica, donde pequeños dispositivos voladores, algunos de ellos derivados de modelos comerciales, han redefinido las tácticas de combate.
Una de las innovaciones más significativas en este conflicto es la creación de lo que se denomina la "zona de muerte", un área de hasta 20 kilómetros de profundidad a lo largo de la línea del frente, donde cualquier movimiento visible es rápidamente detectado y atacado. Las antiguas rutas de abastecimiento, que antes eran seguras, se han convertido en objetivos permanentes de ataque. Los soldados ahora deben moverse en grupos reducidos y bajo la oscuridad para evitar ser detectados, utilizando tecnologías de camuflaje para sobrevivir en este escenario bélico tan hostil.



