La crisis en Sudán ha llevado a un éxodo masivo de refugiados hacia Chad, convirtiendo a este último en el principal receptor de la emergencia humanitaria. La situación se ha agravado por los intensos enfrentamientos entre el Ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en la ciudad fronteriza de Al Tina, ubicada en el norte de Darfur, lo que ha generado temores sobre la posibilidad de que el conflicto se expanda más allá de la frontera.
Al Tina se ha vuelto un punto estratégico en el marco de esta crisis debido a su cercanía con Chad. Las RSF, que han dominado gran parte de Darfur Norte en los últimos meses, están enfocadas en consolidar su control sobre esta ciudad. Los combates estallaron tras el fracaso de las negociaciones para integrar a los paramilitares en el Ejército, lo que desencadenó una guerra en abril de 2023. En medio de las hostilidades, los militares sudaneses se retiraron temporalmente hacia territorio chadiano, pero luego lograron recuperar el control de Al Tina, según informaron fuentes locales.
Sin embargo, las RSF han negado esta versión y afirman mantener el control sobre Al Tina, asegurando que han fortalecido su presencia en la zona. A través de un comunicado, las fuerzas paramilitares manifestaron su compromiso con la protección de los civiles y la entrega de ayuda humanitaria, además de trabajar en la recuperación de servicios esenciales como agua y salud. La continua violencia y la lucha por el control de Al Tina han generado una creciente preocupación en Chad, que ya ha recibido a cientos de miles de personas desplazadas por el conflicto. La situación en la frontera es cada vez más inestable, lo que aumenta la incertidumbre en la región.
Paralelamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido una alerta sobre el crítico estado del sistema de salud en Sudán. Según la agencia de la ONU, los ataques a instalaciones sanitarias y al personal médico han puesto en riesgo el colapso total de la infraestructura hospitalaria del país. La OMS advierte que la violencia no solo afecta a los civiles, sino también a la capacidad de respuesta del sistema de salud ante la crisis humanitaria.



