La economía española ha comenzado a mostrar mejoras en la productividad laboral, un tema que ha sido objeto de preocupación durante años. De acuerdo con un análisis reciente del Gabinete Económico de CCOO, se ha observado que la productividad, medida a través del valor añadido bruto generado por cada trabajador, ha crecido al doble que los salarios en el último año, tanto en términos nominales como reales.
Entre 2019 y 2025, el valor añadido bruto por empleado ha aumentado un 9% en términos reales, mientras que los salarios apenas han crecido un 2% en el mismo período. Este desbalance se refleja en el margen bruto por trabajador, que ha incrementado un 17%, según el informe del sindicato. Además, el Observatorio de la Productividad y Competitividad, impulsado por la Fundación BBVA y el Ivie, señala que la productividad total de los factores ha mejorado un 1,4% anual desde 2020, contribuyendo en un 33% al crecimiento del PIB.
Diversos sectores han experimentado un notable aumento en su productividad desde la pandemia, siendo el sector de fabricación de material de transporte el que lidera con un crecimiento cercano al 20%. Otros sectores destacados incluyen la hostelería (13,3%), industrias extractivas (8,7%) y fabricación de maquinaria (8,4%). Sin embargo, sectores como el comercio y la construcción no han mostrado avances significativos. En términos regionales, Madrid, Cataluña y el País Vasco se destacan por sus altos niveles de productividad, mientras que Baleares y Canarias han registrado mejoras significativas. Por el contrario, Extremadura es la única comunidad que ha experimentado una reducción en su eficiencia tras la crisis del Covid-19.
A pesar de este aumento en la productividad, los márgenes empresariales han alcanzado niveles récord, con un margen bruto sobre ventas del 24,4% al finalizar 2025. Este indicador refleja una rentabilidad que ha crecido un 30% en comparación con los niveles previos a la pandemia, cuando se situaba alrededor del 10%. Los representantes de los trabajadores advierten que, a pesar del aumento en la capacidad de las empresas para generar valor, la recuperación salarial aún no se ha alineado con el esfuerzo productivo de los empleados, lo que sugiere una distribución desigual de los beneficios generados en la economía.



