La velocidad de los cambios tecnológicos plantea desafíos para los marcos legales y para la protección de los menores. En ese escenario, los sistemas de inteligencia artificial generativa incorporan funciones orientadas a establecer relaciones virtuales que combinan entretenimiento y apoyo emocional. Su disponibilidad permanente puede llevar a que adolescentes con ansiedad o depresión encuentren en esas herramientas una compañía que termine desplazando la asistencia profesional adecuada.
Un informe de la ONG Common Sense Media, con sede en San Francisco, Estados Unidos, indicó que, hasta julio de 2025, el 72% de los adolescentes había utilizado inteligencia artificial como compañía. Dentro de ese grupo, el 52% lo hacía con regularidad y el 13% recurría a estas herramientas todos los días. El relevamiento también señaló que el 33% buscaba conversar, jugar o entablar amistades y romances; el 12% recurría a la IA en busca de apoyo emocional, y el 8% la consideraba su mejor amiga o amigo.
El avance de estos sistemas conversacionales abre interrogantes sobre el impacto de los vínculos virtuales en la vida cotidiana de los adolescentes. El material advierte que la confianza depositada en los algoritmos puede superar la que algunos jóvenes les conceden a familiares, amigos, docentes o profesionales de la salud. Entre los riesgos asociados aparecen la dependencia emocional, la pérdida de habilidades sociales y un posible debilitamiento del pensamiento crítico, en un contexto en el que las plataformas de IA buscan ocupar un lugar cada vez más cercano en las relaciones personales.



