Negarse a aceptar tareas adicionales es una de las habilidades interpersonales más complejas en el ámbito laboral. En un entorno que valora la disponibilidad constante y la resolución rápida de problemas, decir que no puede ser malinterpretado como una falta de compromiso. Este fenómeno ha generado una normalización de la sobrecarga de trabajo, donde la complacencia se confunde con profesionalismo.
En el ámbito profesional, esta dificultad se acentúa. El temor a ser percibido como desinteresado o a dañar la reputación personal lleva a muchos a aceptar responsabilidades sin pensarlo dos veces. Esto resulta en una agenda abrumadora, donde las tareas se asumen sin la debida reflexión, llevando a un desgaste que rara vez se reconoce como un problema sistémico.
Según la psicóloga Amanda Nimon-Peters, las investigaciones indican que quienes hacen peticiones laborales tienden a subestimar la dificultad que otros enfrentan al decir que no. Este malentendido se intensifica en interacciones cara a cara, donde rechazar una solicitud puede resultar incómodo o perjudicial. Para evitar esto, se aconseja tomar un tiempo para reflexionar antes de dar una respuesta, lo que ayuda a transformar una reacción impulsiva en una decisión más consciente y considerada.



