La séptima jornada del juicio por el ‘caso Kitchen’, que se lleva a cabo en la Audiencia Nacional, estuvo marcada por las contundentes declaraciones de Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular (PP). Durante su comparecencia, Bárcenas presentó un relato detallado que sugiere que la operación de espionaje se originó dentro del propio partido, desdibujando así la línea entre la política y las maniobras encubiertas. La esposa de Bárcenas, Rosalía Iglesias, también estuvo presente en esta sesión, que da inicio a la tercera semana de vistas en este complejo proceso judicial, que investiga un supuesto espionaje parapolicial realizado entre 2013 y 2015.

En el banquillo de los acusados se encuentran figuras relevantes, como el exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y su número dos, Francisco Martínez, junto a varios mandos policiales de la época. Este juicio, que se aproxima a su fase final, anticipa la declaración del expresidente Mariano Rajoy, lo que podría dar un giro significativo en el desarrollo del caso. La aparición de Bárcenas, quien ha sostenido que la operación Kitchen “comienza en el PP” y no en el Ministerio del Interior, ha reavivado el debate sobre la responsabilidad política en este escándalo.

Bárcenas ha señalado que el primer acto de esta trama se produjo en 2013, cuando se llevó a cabo el borrado de los discos duros de sus ordenadores. A partir de este punto, el extesorero ha trazado una línea que conecta la inquietud dentro del partido con las posteriores acciones de las estructuras policiales. Esta afirmación ha colocado al PP en el centro del debate, ya que sugiere que las órdenes para espiar a Bárcenas podrían haber surgido desde lo más alto de la organización.

Uno de los momentos más intrigantes de la declaración fue cuando Bárcenas reveló la existencia de grabaciones relacionadas con la contabilidad clandestina del PP. Contó que había encargado a un interno de prisión que eliminara archivos de su nube, incluyendo audios que, según él, estaban vinculados a Mariano Rajoy y a otros líderes del partido, como Javier Arenas. Esta serie de revelaciones no solo pone en entredicho la transparencia del partido, sino que también abre la puerta a nuevas investigaciones sobre su manejo de la información y el encubrimiento de posibles delitos.

Un pasaje impactante del testimonio se refiere a un encuentro que Bárcenas habría tenido con Rajoy en su despacho, donde supuestamente le entregó un documento que reflejaba movimientos financieros cuestionables. Según Bárcenas, la reacción de Rajoy fue de sorpresa y, posteriormente, introdujo el documento en una trituradora, un gesto que ha dejado a muchos cuestionando la naturaleza de esa información. Este momento se ha convertido en uno de los ejes centrales de la jornada, simbolizando la lucha interna dentro del partido por ocultar o desviar la atención sobre sus problemas financieros.

El extesorero también mencionó que el costo del borrado de los archivos fue de entre 4.000 y 4.500 euros, aunque esta cifra ha variado en sus declaraciones anteriores. La Fiscalía no ha logrado corroborar esta información, pero Bárcenas insinuó que “algo debió hacerse”, dado que esos contenidos nunca aparecieron en la nube. Este detalle añade un nivel extra de complicidad a la narrativa, sugiriendo que había un interés claro en eliminar cualquier evidencia que pudiera implicar al partido.

Finalmente, la figura de Sergio Ríos, el chófer de la familia Bárcenas, ha cobrado relevancia en el juicio, ya que se le acusa de haber actuado como confidente. Bárcenas lo describió como “el chico para todo”, y su esposa destacó la confianza que depositaban en él, considerándolo “uno más de la familia”. Este testimonio pone de manifiesto las complejidades de las relaciones personales que se entrelazan con la corrupción política, y sugiere que las dinámicas familiares también pueden haber influido en la trama del espionaje. A medida que el juicio avanza, las revelaciones de Bárcenas continúan arrojando luz sobre un escándalo que ha sacudido los cimientos del PP y que podría tener repercusiones duraderas en la política española.