Anaïs Nin, nacida en 1903 en las afueras de París, se destacó por su audaz escritura que desafiaba las convenciones de su época. Desde sus inicios, su pluma se convirtió en un vehículo para explorar los deseos y las complejidades de la experiencia femenina, en un contexto donde predominaban las voces masculinas.

A los once años, el abandono de su padre la llevó a iniciar un diario íntimo que se extendería por más de seis décadas. Este ejercicio personal se transformó en una de las obras autobiográficas más extensas del siglo XX, donde plasmó sin censura sus amores, dudas y pasiones. Sus escritos, lejos de buscar el escándalo, buscaban comprender lo que sentía, abriendo un camino que muchas otras autoras seguirían después.

A lo largo de su vida, Anaïs mantuvo relaciones amorosas paralelas y cultivó una doble vida, lo que generó una tensión entre su sinceridad y la construcción de un mito personal en torno a su figura. A 123 años de su nacimiento, su legado literario sigue provocando reflexiones sobre la identidad y el deseo.