El exministro de Transportes, José Luis Ábalos, ha sido el último en comparecer en el juicio por el caso de las mascarillas y ha utilizado esta oportunidad para presentar una defensa contundente. En su declaración, Ábalos ha enfatizado la necesidad de cuestionar la legitimidad de las actuaciones de la Unidad Central Operativa (UCO), que se erige como la principal base de las acusaciones en su contra. Su estrategia parece ser la de desmantelar los argumentos de la fiscalía, planteando inconsistencias en las pruebas recopiladas y buscando así una posible absolución por parte del Tribunal Supremo.
Durante su comparecencia, Ábalos se enfrentó directamente a las afirmaciones del empresario Víctor de Aldama y a su exasesor, Koldo García. Uno de los puntos destacados por Ábalos fue la discrepancia en torno a la fecha de su primer encuentro con Aldama, un evento que según la UCO ocurrió el 31 de agosto de 2018. El exministro ha asegurado que no pudo haber estado presente en esa reunión ya que, en ese momento, se encontraba en Londres con su familia. Esta aclaración busca poner en duda la veracidad de los informes de la UCO, que, según él, contienen errores fundamentales.
Asimismo, Ábalos ha cuestionado la razón detrás de la investigación de su viaje a Londres, argumentando que se atentó contra su privacidad. El viaje fue analizado porque en esa ocasión lo acompañó Rubén de Aldama, hermano del empresario involucrado, aunque Ábalos ha insistido en que esta persona era en realidad un escolta del ministerio. "Desmentí que fuera su hermano en la fase de instrucción, algo que descubrí después", añadió, reforzando su postura de que se han cometido errores en la investigación.
Uno de los momentos más críticos de su declaración se produjo cuando se abordó la cuestión de su patrimonio y los ingresos que se le atribuyen sin justificación. "Es el momento de hablar con rigor de los informes de la UCO", afirmó Ábalos, al referirse a un supuesto monto de 94.800 euros de origen desconocido que se le atribuye. Para el exministro, esta cifra es insuficiente para fundamentar una acusación sólida en su contra, insinuando que las pruebas son superficiales y no justifican las graves imputaciones que enfrenta.
Además, Ábalos expresó su descontento con el hecho de que la información en su contra se basa únicamente en los mensajes de WhatsApp de su exasesor Koldo García. "Si solo han encontrado eso después de tantos años, es evidente que no hay un caso sólido", subrayó. Al respecto, Ábalos se mostró irónico al mencionar que, a medida que avanzan las declaraciones, la cantidad de dinero que se le atribuye parece aumentar sin justificación clara. "Cuantos más millones me atribuyan, más exigible es la identificación y localización de ese dinero", argumentó, evidenciando su intención de volcar la carga de la prueba a la acusación.
El exministro cerró su intervención con un análisis que pone de relieve su perspectiva sobre la investigación. "En diez años, han encontrado solo 94.000 euros, y yo he hecho mis cuentas, me sale bastante menos", concluyó. Esta afirmación pone en duda no solo la efectividad de la UCO en la investigación, sino también la credibilidad de las acusaciones presentadas en su contra. En un contexto donde la presión mediática y política es intensa, la defensa de Ábalos se erige como un intento por recuperar su reputación y hacer valer su inocencia frente a un tribunal que decidirá su futuro en este caso tan mediático.



