Marta Fort, la hija del icónico Ricardo Fort, ha decidido revivir el legado de su padre recorriendo las calles de Miami, una ciudad que fue testigo de muchos de los momentos más memorables de la vida del famoso chocolatero. En su reciente visita, la joven no solo rememoró los lugares que su padre frecuentaba, sino que también compartió anécdotas y sentimientos que reflejan su cercanía con el recuerdo paterno. La conexión que mantiene con su padre es palpable, y cada paso que da en esta ciudad parece estar impregnado de su esencia.

La travesía comenzó cuando Marta fue invitada por el conductor Fede Bal en un nuevo episodio de su programa “Resto del mundo” (emitido por el canal eltrece). En un ágil recorrido por Miami, Bal y la influencer visitaron varios puntos emblemáticos, mientras intercambiaban reflexiones sobre el presente y el futuro de Marta en el mundo del espectáculo. En un momento de la conversación, Bal le preguntó a Marta sobre sus aspiraciones profesionales, a lo que ella respondió con una clara negativa a encasillarse en un solo rol: “No me gusta decir soy modelo o soy esto”. Esta afirmación muestra su deseo de ser reconocida por su multifacética personalidad, más allá de los títulos que la sociedad podría otorgarle.

Uno de los momentos más emotivos de la recorrida ocurrió en Lincoln Road, un lugar donde su padre solía pasear con amigos. Al recordar esto, Bal instó a Marta a replicar el famoso grito de su padre, una tradición que se ha vuelto emblemática. En esa esquina tan significativa, Marta se unió a la euforia de Bal, gritando el nombre de la ciudad, evocando así una conexión directa con el legado de su padre. Este acto no solo fue un homenaje, sino también una celebración de su memoria, un vínculo que Marta parece atesorar profundamente.

La visita continuó en un local de ropa que Ricardo frecuentaba en su juventud. En un momento de complicidad, Marta expresó: “Esta es la casa de los gatos de mi papá”, lo que provocó risas entre ambos. Bal, curioso, le preguntó sobre la cantidad de dinero que su padre solía llevar a Miami, a lo que Marta respondió con un número que sorprendió: “Una regularidad, 50.000, como poco”. Esta anécdota no solo refleja la opulencia de la vida de su padre, sino también la conexión íntima que Marta mantiene con su historia familiar.

Cuando cayó la noche, Marta y Bal se dirigieron a un restaurante donde se rendiría otro homenaje a Ricardo. Al sentarse, la joven recordó que allí se solía pedir un plato especial: una entraña con arroz blanco y coleslaw. Esta evocación provocó que Bal mirara al cielo y exclamara: “Plato de Ricardo. Bravo, Ricardo, te amamos”. En este momento, la cena se convirtió en un tributo a la memoria de un hombre que dejó una huella imborrable en la cultura popular argentina.

Días antes de esta emotiva visita, Marta también había realizado un homenaje a su padre en los Martín Fierro de la Moda, donde destacó por su impresionante vestido de alta costura diseñado por Claudia Arce. Esta pieza, confeccionada en crepé suizo y adornada con cristales, no solo realzó su belleza, sino que también simbolizó la elegancia y el estilo que caracterizaban a Ricardo. La combinación de moda y homenaje en esa gala subraya la influencia continua de su padre en su vida y carrera. Así, Marta Fort sigue caminando por las sendas de Miami, llevando consigo el amor y la memoria de su padre en cada paso que da.