La muerte de Robin Hood propone una mirada oscura y existencial sobre uno de los personajes más conocidos de la cultura popular. Escrita y dirigida por Michael Sarnoski, responsable de Pig y A Quiet Place: Day One, la película llegará a los cines de la Argentina el próximo 20 de agosto.

Ambientada en 1247, la historia se aleja del retrato tradicional del arquero noble que robaba a los ricos para ayudar a los pobres. Hugh Jackman interpreta a un Robin Hood envejecido, aislado y consumido por la culpa, muy distante del héroe celebrado por las leyendas. Los Hombres Alegres desaparecieron hace tiempo y las antiguas gestas fueron reemplazadas por una existencia atravesada por asesinatos, traiciones y las consecuencias de una violencia persistente.

La película gira alrededor de una pregunta central: qué sucede cuando el hombre detrás del mito comprende que quizá nunca fue el héroe que los demás imaginaron. A partir de esa premisa, el relato explora la culpa, la memoria y la posibilidad de alcanzar una forma de redención cuando el tiempo parece agotarse.

El conflicto se pone en marcha con la aparición de Juan el Pequeño, interpretado por Bill Skarsgård, quien obliga a Robin a asumir una última misión. Gravemente herido después de una batalla, el antiguo forajido deberá enfrentarse con un pasado marcado por decisiones y episodios que pusieron en crisis la imagen legendaria construida a su alrededor.