Alfredo Tadeo Wiedmer, un reconocido subcampeón mundial de patín, ha decidido abrirse y compartir su historia personal, no solo como un acto de catarsis, sino con la esperanza de inspirar a otros jóvenes que atraviesan situaciones similares. A través de su biografía titulada "Sub-marino", escrita a lo largo de seis años y que abarca más de quinientas páginas, Wiedmer narra un viaje que va más allá de sus logros deportivos, desenterrando las raíces de su infancia marcada por la violencia y la marginalidad. A sus 50 años, él se ha transformado en un psicólogo social, dirigente deportivo y entrenador de patinaje artístico, pero su pasado es un reflejo de una lucha constante por salir adelante.
El relato de Tadeo comienza en su infancia, un período que debería haber estado lleno de juegos y risas, pero que rápidamente se tornó en un verdadero infierno. Nacido en un entorno que inicialmente parecía prometedor, recuerda sus primeros años en Río Tercero, donde disfrutaba de momentos de felicidad junto a amigos y familiares. Sin embargo, todo cambió cuando su familia se mudó a Granadero Baigorria, un hecho que marcó el inicio de una etapa de sufrimiento y carencias. "Lo que viví allí fue una película de terror", confiesa Tadeo, subrayando cómo la violencia y la explotación infantil se convirtieron en parte de su día a día.
La historia de Alfredo es un ejemplo de cómo la pobreza y la violencia pueden moldear la vida de un niño. Desde temprana edad, se vio forzado a salir a la calle y robar junto a su padre, en lugar de disfrutar de la niñez. A la sombra de un hogar donde la violencia era moneda corriente, Tadeo se sintió más cómodo en las calles que en su propia casa, donde la falta de afecto se mezclaba con un clima de miedo y abuso. "Prefería estar en la calle que en casa, donde la violencia era el pan de cada día", recuerda, evidenciando una dura realidad que muchos niños enfrentan en contextos similares.
Alfredo también habla de la crudeza de ser obligado a dejar la escuela para trabajar, vendiendo pan en la calle, lo que le robó la oportunidad de formarse y crecer como niño. Su infancia, marcada por la ausencia de amor y la presencia del sufrimiento, lo llevó a refugiarse en su imaginación, soñando con una vida diferente, más llena de cariño y menos dolorosa. A los 14 años, llegó a un punto de quiebre y decidió que no quería seguir el camino que sus padres habían trazado para él. La adicción se convirtió en un refugio temporal, pero la llegada de un club de barrio y los patines fueron su salvación.
"En mi casa había amor, pero no sabían cómo expresarlo", reflexiona Tadeo, sugiriendo que sus padres, a pesar de sus buenas intenciones, no lograron ofrecerle el entorno seguro y afectuoso que tanto necesitaba. Esta falta de orientación y apoyo en su niñez se tradujo en decisiones deshonestas y peligrosas que marcaron su adolescencia. La conjunción de las personalidades de sus padres, ambos jóvenes y desbordados por las circunstancias, terminó por crear un hogar donde la violencia y la desesperación eran predominantes.
A través de su historia, Alfredo Tadeo Wiedmer no solo comparte un relato personal, sino que también lanza un mensaje poderoso a aquellos que aún luchan en la oscuridad. Su vida es un testimonio de que, a pesar de las adversidades, es posible encontrar caminos alternativos y alcanzar sueños que parecen inalcanzables. En un mundo donde muchos enfrentan situaciones similares, su narrativa se erige como un faro de esperanza, mostrando que la superación es un viaje arduo, pero no imposible.



