Ivana Figueiras, reconocida empresaria del mundo de la moda, compartió su experiencia tras elegir a la actriz Eugenia "la China" Suárez como imagen de su campaña de lencería. La decisión, que inicialmente se basó en una relación profesional previa entre ambas, generó una reacción desmedida en las redes sociales, donde Figueiras recibió una avalancha de mensajes de odio. En una reciente entrevista en el programa de streaming "Emprendedores Argentinos", la empresaria confesó que no esperaba una repercusión de tal magnitud, que incluso afectó la vida de su familia.

La campaña, realizada en el prestigioso Hotel Savoy, fue desbordante en términos de atención mediática. A las pocas horas de la publicación de las fotos, las redes sociales se inundaron de comentarios negativos, muchos de ellos insultantes y violentos, tales como: "Otra marca que te cargaste" y "Cómo arruinar una marca en 10 minutos". La viralización del contenido llevó a Figueiras y Suárez a tomar decisiones inmediatas para mitigar el daño; decidieron limitar la exposición del material, restringiendo los comentarios en sus publicaciones de Instagram.

Figueiras, en su análisis sobre la situación, subrayó que su elección de la China Suárez no fue un capricho, sino una decisión basada en su experiencia previa con la actriz. "Ya habíamos trabajado juntas antes y todo fluyó de manera muy profesional", comentó la empresaria. Sin embargo, reconoció que la magnitud del odio que surgió a raíz de la campaña la tomó por sorpresa. "Te da miedo el nivel de odio que puede existir en la sociedad", admitió, reflejando una preocupación por el clima hostil que se ha generado en el ámbito digital.

Las redes sociales, si bien pueden ser un poderoso aliado para la visibilidad de una marca, también pueden convertirse en un campo de batalla donde la crítica y el desprecio son moneda corriente. Figueiras destacó que, aunque entiende que la figura de la China Suárez puede generar opiniones encontradas, considera que la controversia no debería trasladarse a la reputación de una marca. "Lo mío es trabajo, así que no me meto en la vida privada de nadie", declaró, enfatizando la necesidad de separar lo personal de lo profesional en un mundo interconectado.

La repercusión se vio amplificada no solo por las imágenes de la campaña, que presentaron a Suárez luciendo lencería negra con detalles satinados, sino también por el contenido detrás de escena que rápidamente se volvió viral. En menos de doce horas, el posteo de la actriz alcanzó más de 150.000 likes, lo que indica el interés del público por el proyecto. Sin embargo, esta atención no siempre se traduce en apoyo positivo, y Figueiras reflexionó sobre la hipocresía de algunos comentarios que descalifican sin tener en cuenta la complejidad del trabajo en la industria de la moda.

La situación pone de relieve una problemática más amplia: el odio y la violencia que se manifiestan en las redes sociales, especialmente hacia mujeres en posiciones de visibilidad. Figueiras lamentó que el fenómeno no solo afecta a figuras públicas, sino que también impacta en la vida cotidiana de las personas cercanas a ellas. "Es sorprendente ver la cantidad de odio que se puede generar en torno a una simple campaña de moda", concluyó, instando a una reflexión colectiva sobre cómo se comportan las audiencias en el entorno digital y la responsabilidad que todos tienen en la construcción de un espacio más saludable y respetuoso.

La historia de Ivana Figueiras y la China Suárez resuena como un llamado a la reflexión no solo sobre el mundo de la moda, sino también sobre la naturaleza de las interacciones en el espacio público virtual, donde la crítica puede rápidamente convertirse en hostilidad. La empresaria espera que, a pesar de las adversidades, su marca siga creciendo y que las experiencias vividas sirvan para promover un diálogo más constructivo sobre el papel de las mujeres en la industria y la sociedad en general.