Mario Pergolini, reconocido conductor y periodista argentino, compartió en su programa "Otro día perdido" una anécdota reveladora sobre su viaje a Machu Picchu junto a Gustavo Cerati, el icónico líder de Soda Stereo. Esta travesía, que tuvo lugar durante una gira de la famosa banda, no solo marcó un hito en su relación personal, sino que también resaltó la conexión entre la música y la cultura peruana. En un tono reflexivo y nostálgico, Pergolini relató cómo esa experiencia trascendió lo meramente turístico y se convirtió en un momento de profunda camaradería entre dos grandes del rock argentino.

El relato comenzó con el contexto de la gira de Soda Stereo por América Latina, donde el grupo se encontraba en medio de un receso. Aprovechando la pausa, Pergolini tomó la decisión de acompañar a Cerati en una aventura que lo llevaría a recorrer el legendario Camino del Inca. "Subimos 24 horas", recordó con entusiasmo, destacando la dificultad física del ascenso que conduce a la emblemática "Ciudad sagrada". Esta caminata no solo fue un desafío en sí misma, sino que también representó un momento de conexión personal que perdura hasta nuestros días.

La travesía culminó en el Inti Raymi, una de las festividades más importantes de la cultura andina, que se celebra cada 24 de junio en honor al sol y a la Pachamama. Este evento, que coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio sur, es un momento de agradecimiento por las cosechas y una celebración de la relación con la naturaleza. Pergolini recordó que su viaje coincidió con esta ceremonia ancestral, lo cual añadió un significado especial a su experiencia. "Estábamos en un día libre de la gira y decidimos vivir esta experiencia única", comentó, subrayando la relevancia cultural de su visita.

Aunque el Camino del Inca tradicional se extiende por cuatro días, Pergolini y Cerati optaron por un recorrido más breve. En sus reflexiones, el conductor expresó con humor que al enterarse de la existencia de un tren turístico que lleva a los visitantes a Machu Picchu, se preguntó: "¿Para qué hicimos esta locura?". Sin embargo, a pesar de la intensidad del viaje, Pergolini recordó la llegada a Machu Picchu como un instante de contemplación, aunque no de asombro. "Llegás y pensás: 'Qué lindo, ¿y ahora qué hacemos?'", bromeó, resaltando la peculiaridad de la experiencia.

En tono desenfadado, el conductor también habló sobre la altitud, asegurando que no sintió ningún malestar. Esta anécdota ligera contrastó con la profundidad de su relación con Cerati, que se forjó a finales de los años 80, cuando Pergolini decidió invertir en su propio pasaje para seguir la gira de la banda. Esa decisión marcó el inicio de una amistad y una colaboración que perduraría en el tiempo, acercándolo no solo a Cerati, sino también a sus compañeros de banda, Zeta Bosio y Charly Alberti.

En su cierre, Pergolini comparó aquella experiencia con estar de gira con los Rolling Stones, resaltando la magia y la camaradería que se genera en esos contextos. La conexión entre él y Cerati fue mucho más que un vínculo profesional; fue una amistad forjada en la música, la aventura y el respeto mutuo. Este relato no solo revive una historia personal, sino que también invita a reflexionar sobre cómo la música puede unir a las personas y llevarlas a vivir momentos inolvidables en lugares emblemáticos del mundo.