El uso frecuente de programas cortos y agua fría en las lavadoras, aunque práctico para ahorrar tiempo y energía, puede perjudicar la eficacia del lavado y afectar el funcionamiento del electrodoméstico a largo plazo.
Expertos en mantenimiento del hogar sugieren incluir ciclos de lavado a temperaturas superiores a 60 °C, lo que no solo mejora la higiene de la ropa, sino que también ayuda a evitar la acumulación de residuos. Esta función, que está presente en la mayoría de los modelos modernos, es fundamental para eliminar bacterias y malos olores persistentes, además de prevenir problemas mecánicos causados por la suciedad acumulada en el tambor y otros componentes internos.
El calor actúa como un potente agente limpiador que ayuda a disolver residuos de detergente, grasa y microorganismos que no siempre son eliminados en lavados en frío. Aunque los ciclos rápidos son útiles para prendas ligeramente sucias, su uso constante puede limitar la desinfección y, con el tiempo, generar biofilm, lo que resulta en olores desagradables y una menor eficiencia.
Alternar los ciclos de alta temperatura con los habituales permite mantener un equilibrio entre la eficiencia energética y la higiene, preservando la vida útil del equipo. Además, adoptar buenas prácticas como revisar los bolsillos antes de lavar y retirar la ropa de inmediato al finalizar el ciclo son medidas sencillas que contribuyen a conservar la lavadora en óptimas condiciones.
Para evitar la proliferación de moho y bacterias, se recomienda secar la goma de la puerta y mantenerla entreabierta para permitir la circulación de aire. Asimismo, realizar una limpieza interna periódica es vital para retirar residuos de detergente y mantener el electrodoméstico funcionando de manera eficiente durante más tiempo.



