El inicio de año para el comercio argentino presenta un panorama confuso, marcado por resultados dispares en las ventas de supermercados y mayoristas. De acuerdo con las últimas estadísticas del Indec, el segundo mes del año mostró una contracción interanual en la facturación de ambos segmentos, lo que refleja un contexto de incertidumbre y desafíos económicos que persisten en el país. Mientras que los supermercados experimentaron una ligera mejora en comparación con el mes anterior, las ventas en los mayoristas sufrieron una caída significativa, lo que plantea interrogantes sobre el comportamiento del consumo en la actualidad.
En lo que respecta a los supermercados, el informe reciente señala que las ventas disminuyeron un 3,1% en febrero en comparación con el mismo mes del año anterior. Este descenso acumulado del 2,1% durante el primer bimestre de 2023 se ve atenuado, sin embargo, por un incremento mensual del 0,3% en la variación desestacionalizada. Este dato es relevante porque sugiere que, pese a la caída interanual, hay un leve repunte en el consumo que podría ofrecer un rayo de esperanza en un contexto económico desafiante, donde la inflación sigue siendo un factor determinante.
Cabe destacar que las cifras mencionadas reflejan variaciones reales, es decir, descontando el impacto de la inflación. En contraste, el resto del informe se presenta en términos nominales, sin ajustar por el aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Las ventas totales a precios corrientes alcanzaron los 2.214.141,6 millones de pesos en febrero, lo que representa un aumento nominal del 23,5% en comparación con el mismo mes del año anterior, aunque este crecimiento no es suficiente para compensar el efecto de la inflación.
Analizando las categorías de productos, el segmento de carnes se posicionó como el más destacado, con un incremento nominal del 46,9% y ventas por $319.805 millones. Este crecimiento se ubica muy por encima de la inflación anual, que se situó en un 33,1% entre febrero de 2022 y febrero de 2023. Le sigue el rubro de verdulería y frutería, que también tuvo un desempeño notable con un aumento del 37% en su facturación, alcanzando los $115.287 millones. Sin embargo, otros sectores no mostraron resultados positivos, evidenciando una caída en términos reales que afecta la capacidad de compra del consumidor.
Particularmente preocupante es la situación del segmento de artículos electrónicos y del hogar, que sufrió una disminución del 7,1% en su facturación, alcanzando los $75.635 millones. Este resultado es un claro indicativo de la contracción en el consumo de bienes duraderos y refleja el impacto que tiene la inflación sobre los hábitos de compra de las familias argentinas. Asimismo, el rubro de bebidas, aunque experimentó un crecimiento nominal del 13,3%, no logró mantenerse al ritmo de la inflación, evidenciando una pérdida de poder adquisitivo entre los consumidores.
Desde una perspectiva territorial, las variaciones en las ventas a precios corrientes mostraron un desempeño dispar en las distintas provincias. Neuquén lideró el crecimiento con un aumento del 30%, seguido por Formosa con un 28,3% y Santa Fe y Río Negro, ambas con un incremento del 27,8%. A su vez, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires también presentó un crecimiento significativo del 27,3%. En contraste, las provincias con los menores incrementos fueron Misiones (9,8%), Tucumán (10,6%) y Corrientes (12,2%), lo que plantea un escenario de desigualdad en el consumo a nivel nacional.
Finalmente, es importante mencionar que, a diferencia de lo que podría esperarse en momentos de declive en un canal de ventas, en esta ocasión no se observó un traslado del consumo hacia otros sectores. Esto sugiere que el consumo está sufriendo una caída generalizada, afectando tanto a los supermercados como a los mayoristas. A medida que el año avanza, será crucial monitorear cómo evoluciona esta tendencia y qué medidas se implementan para estimular la recuperación del consumo en un contexto económico cada vez más complicado.



