Un estudio exhaustivo de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec ha puesto de manifiesto un fenómeno interesante en la geografía del ingreso en Argentina. A pesar del notable deterioro del salario real y la disminución del consumo, los hogares más vulnerables han registrado un aumento en la participación del ingreso laboral en comparación con hace diez años. Este cambio se acompaña de una relación de dependencia más baja que la observada en 2017, un año que se caracterizó por un alto nivel de actividad económica en el país.
La situación es especialmente notoria en los deciles de ingresos más bajos, donde la composición del ingreso ha estado históricamente marcada por la predominancia de los ingresos no laborales. En este contexto, se destaca que en el primer trimestre de 2026, el Indec reportó una participación del ingreso laboral que alcanzó el 77,7% en 31 aglomerados urbanos de todo el país. Aunque esta cifra representa una leve disminución respecto al año anterior, se observa un aumento significativo en comparación con el último año del gobierno de Alberto Fernández, y es superior al promedio registrado en los nueve años precedentes.
Un caso emblemático es el del decil 1, que agrupa a los hogares con menor nivel de ingresos y mayor número de miembros. En 2026, el 39% de los ingresos de estas familias proviene del trabajo, en comparación con el 36,1% de 2017. Si bien esta cifra es inferior al 42,4% alcanzado en 2023, refleja una tendencia de recuperación del ingreso laboral en los sectores más vulnerables a lo largo del tiempo, lo cual es un dato alentador en medio de un contexto adverso.
La composición demográfica de estos hogares es un elemento fundamental para entender esta dinámica. Con un promedio de 4,3 miembros por hogar, estos grupos son los más numerosos dentro del sistema urbano. Esto implica mayores necesidades y, por ende, una presión considerable sobre la capacidad laboral de cada hogar. Además, se hace evidente la dependencia del apoyo estatal, particularmente a través de programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH), que ha sido crucial para la supervivencia económica de estas familias.
El análisis también revela cambios significativos en el decil 2. A pesar de que la participación del ingreso laboral ha disminuido desde 2017, pasando del 51,9% al 43,5%, esta cifra sigue siendo superior a los niveles de 2023 en términos de integración laboral. La estructura familiar se mantiene relativamente estable, con entre 3,9 y 4,2 miembros por hogar, lo que sugiere que la necesidad de ingresos laborales sigue siendo alta.
La recomposición del ingreso laboral en estos deciles no es un proceso lineal, pero sí se alinea con las tendencias de un mercado laboral que, a pesar de presentar desafíos significativos, ha continuado incorporando trabajadores en sectores de menor productividad y alta informalidad. En el caso del decil 3, la mejora es aún más evidente, con un aumento en la participación del ingreso laboral del 50,8% en 2017 al 58,9% en 2026. Esta evolución señala una mayor inserción en el mercado laboral entre los hogares que históricamente han estado al borde de la pobreza.
Por último, es importante destacar la relación de dependencia, que refleja cuántas personas no ocupadas son sostenidas por cada trabajador activo en el hogar. Esta métrica resulta fundamental para entender la presión económica que enfrentan los hogares vulnerables y cómo la estructura del mercado laboral impacta en su situación. En conclusión, los datos sugieren una evolución positiva en la integración laboral en los hogares vulnerables, a pesar de los desafíos económicos que persisten en el país.



