El aumento de las tensiones en Medio Oriente ha causado revuelo en los mercados internacionales de materias primas, especialmente en el trigo. Sin embargo, en Argentina, el efecto ha sido moderado, gracias a una cosecha excepcional y a una gran disponibilidad de granos, lo que ha servido para mitigar las fluctuaciones de los precios globales y evitar que la bonanza agrícola se traduzca en un ingreso extraordinario para la economía del país.

Una de las razones que explican esta estabilidad radica en el aumento de los costos de insumos y logística, lo que ha mantenido el precio FOB del trigo argentino relativamente estable, con un incremento de solo un 0,5% desde el inicio del conflicto, en comparación con aumentos de hasta el 5% en otros países productores, según Emilce Terré, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Expertos del sector coinciden en que, al menos en el corto plazo, la abundante oferta de trigo en el mercado local actúa como un amortiguador para el precio de la harina y limita las subas bruscas en el costo del pan. No obstante, los panaderos advierten que los aumentos en los costos de servicios, energía, salarios y alquileres siguen presionando los precios y el consumo de los hogares. Argentina ha alcanzado una producción histórica de 30 millones de toneladas de trigo, lo que contrasta con el estancamiento en los precios internacionales y la reciente liquidación anticipada de exportaciones, que ha afectado los ingresos del sector.