La empresa aeroespacial SpaceX, dirigida por Elon Musk, se prepara para su debut en la bolsa, un acontecimiento que promete marcar un hito en el ámbito financiero. Este viernes, la compañía lanzará su oferta pública inicial (OPI) en el Nasdaq, donde se espera que su valoración supere los 1,5 billones de euros. En un movimiento que busca democratizar la inversión, SpaceX ha destinado hasta el 10% de su colocación, equivalente a 55,55 millones de acciones, para pequeños inversores de España y otros seis países europeos, permitiendo así la participación en una de las operaciones más grandes en la historia del mercado de valores.

El proceso de adquisición de estas acciones comenzó el pasado 5 de junio, tras la aprobación del folleto por parte de la autoridad reguladora alemana, BaFin. Este visto bueno no solo abre las puertas a los inversores alemanes, sino que también permite la participación de ciudadanos de España, Francia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Noruega. La venta cerrará el jueves a las 18:00 horas, justo un día antes de que SpaceX inicie su cotización bajo el símbolo SPCX.

Los pequeños inversores europeos podrán adquirir las acciones a un precio máximo de 162 dólares (alrededor de 140 euros), aunque el precio final se definirá y será igual para todos los inversores en el mundo, con proyecciones de que se sitúe en torno a los 135 dólares por acción. Entre las entidades encargadas de facilitar esta operación en el mercado español se encuentra el Banco Santander, que actuará como representante local, permitiendo a los inversores canalizar sus órdenes de compra a través de su plataforma.

Además, el acceso a la oferta no se limita a los canales tradicionales, ya que diversas plataformas digitales, como neobancos y brókers, también permitirán a los pequeños inversores participar. Aplicaciones como Revolut y Trade Republic, así como brókers como DeGiro e Interactive Brokers, facilitarán la adquisición de acciones, ampliando así el alcance de la OPI y promoviendo la inclusión financiera.

A pesar de esta apertura al capital público, Elon Musk mantendrá un control significativo sobre la empresa, conservando aproximadamente el 84% de los derechos de voto. Esto se debe a la estructura de acciones de la empresa, donde las acciones de Clase A ofrecen un voto por título, mientras que las acciones de Clase B, que posee Musk, otorgan diez votos cada una y le permiten nombrar a la mayoría del consejo de administración. Esta dinámica plantea interrogantes sobre la gobernanza de la empresa y el equilibrio entre los intereses de los nuevos inversores y la dirección estratégica de SpaceX.

La OPI tiene como objetivo recaudar alrededor de 69.000 millones de euros (75.000 millones de dólares), fondos que la compañía destinará a fortalecer su infraestructura de computación para inteligencia artificial, impulsar el desarrollo del sistema de lanzamiento Starship y expandir su constelación de satélites Starlink. Sin embargo, es relevante señalar que SpaceX ha indicado que no se pagarán dividendos en efectivo durante los próximos años, ya que se busca reinvertir las ganancias en el crecimiento del negocio. Esto podría desincentivar a algunos inversores que buscan retornos a corto plazo, aunque la expectativa de crecimiento a largo plazo puede resultar atractiva para otros.

En el último ejercicio, SpaceX reportó pérdidas por un total de 4.937 millones de dólares (4.274 millones de euros), lo que resalta el desafío que enfrenta la empresa en su camino hacia la rentabilidad. Sin embargo, el interés del mercado es palpable y se espera que la OPI reciba una fuerte demanda, lo que podría indicar una confianza renovada en el potencial de la compañía y su capacidad para innovar en el sector aeroespacial y tecnológico. Sin duda, este debut bursátil no solo marcará un antes y un después para SpaceX, sino que también podría redefinir el panorama de las inversiones en empresas tecnológicas emergentes.