Una investigación internacional en la que participaron científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), en Girona, advirtió que los manglares, las marismas y las praderas marinas pueden liberar mercurio cuando se degradan o desaparecen. El trabajo fue publicado en la revista Earth-Science Reviews y analiza los riesgos asociados a la pérdida de estos ecosistemas costeros.
Según el estudio, estos ambientes no solo almacenan carbono, sino que también retienen contaminantes peligrosos, entre ellos metales pesados como el mercurio. Su degradación y desaparición podrían liberar unas 26 toneladas de este metal por año a escala global. Al mismo tiempo, los ecosistemas conocidos como de carbono azul acumulan anualmente alrededor de 16 toneladas de mercurio en todo el mundo, ya que funcionan como filtros y trampas de la contaminación.
Entre las perturbaciones consideradas en el análisis se encuentran el dragado, la pesca de arrastre, la urbanización y transformación del litoral, los vertidos de petróleo, los temporales, las inundaciones, las sequías y las olas de calor marinas. El estudio también identifica como zonas de mayor peligro a Asia oriental, América Latina y el Caribe.
Òscar Serrano, coautor del artículo y director del grupo GAME del CEAB-CSIC, destacó que los resultados aportan una razón adicional para conservar y restaurar estos ecosistemas. “Mantener inmovilizados contaminantes heredados, como el mercurio, que pueden entrar de nuevo en circulación si destruimos o alteramos los sedimentos”, sostuvo.



