El Banco Central de la República Argentina (BCRA) realizó una nueva compra de dólares el lunes 29 de junio, aunque su intervención en el mercado oficial fue notablemente limitada. En esta ocasión, adquirió solo 25 millones de dólares, lo que representa aproximadamente el 3% del total operado en la jornada, que alcanzó un volumen de 821 millones de dólares. Este escenario refleja una estrategia de compra que, aunque se mantiene, ha disminuido en intensidad, generando preocupaciones sobre la sostenibilidad de las reservas del país.

A lo largo de junio, el saldo acumulado de compras por parte del BCRA ascendió a 1.371 millones de dólares, llevando el total de adquisiciones en 2026 a 11.118 millones de dólares. Si bien estas cifras indican que el organismo superó la meta anual de compras fijada en 10.000 millones de dólares, la tendencia en las últimas semanas muestra un descenso en la acumulación de reservas, especialmente en comparación con los meses de abril y mayo, cuando las compras fueron más robustas.

El dato más alarmante de la jornada fue la caída en las reservas brutas, que disminuyeron en 415 millones de dólares, finalizando en 46.666 millones. Este nuevo descenso coloca al stock por debajo del umbral de 47.000 millones de dólares, un nivel considerado crítico para la estabilidad económica del país. Parte de esta disminución se debe a la caída en el valor del oro, que retrocedió un 1,62%, lo que se tradujo en una pérdida de alrededor de 100 millones de dólares en la contabilidad de los activos del BCRA.

La relación entre las compras del BCRA y el stock de reservas pone de manifiesto que la simple adquisición de dólares no se traduce automáticamente en un aumento en las reservas brutas. Existen múltiples factores que influyen en este balance, como los pagos internacionales, los movimientos de encajes, las operaciones del Tesoro y las fluctuaciones en la valuación de los activos. Esta complejidad resalta la fragilidad de la situación económica actual, donde cada decisión tiene un impacto significativo en la estabilidad del peso argentino.

En el ámbito cambiario, los movimientos de las principales monedas presentaron un panorama mixto. El euro se apreció un 0,38% frente al dólar, mientras que la libra aumentó un 0,45%. Sin embargo, el yen se depreció un 0,11% y el yuan tuvo una leve apreciación del 0,06%. Dado que las reservas se expresan en dólares, estos cambios pueden influir en la valoración contable de los activos denominados en otras divisas, lo que añade otra capa de complejidad al análisis.

El BCRA ha adoptado una postura más conservadora en sus compras, con un saldo semanal de apenas 25 millones de dólares y un promedio de 71 millones diarios en junio, en comparación con los 137 millones diarios de mayo. Esta estrategia parece estar orientada a mantener una presencia en el mercado sin generar una demanda que pueda exacerbar la presión sobre el tipo de cambio. Desde Portfolio Personal Inversiones (PPI), se señaló que la semana entrante será crucial para evaluar si la presión cambiaria comienza a disminuir, dado que en semanas anteriores el dólar oficial mostró una menor tensión, aunque el acumulado de junio indica un aumento del 4,9%, contrastando con el 1,2% del mes anterior.

Una de las razones detrás de esta presión cambiaria es la disminución en la oferta de divisas desde la cuenta financiera. En mayo, se registró un aporte récord de 2.284 millones de dólares por préstamos externos y emisiones de deuda, mientras que en junio esta cifra se redujo a 1.310 millones. Este descenso en la oferta ha contribuido a la creciente presión sobre el tipo de cambio, lo que se ve reflejado en la estrategia más cautelosa del BCRA en sus intervenciones. La situación económica sigue siendo delicada, y la capacidad del BCRA para gestionar las reservas será un factor determinante en el corto plazo.