La repetición de un año escolar se está consolidando como una estrategia cada vez más común entre familias que aspiran a transformar el talento deportivo de sus hijos en oportunidades económicas significativas. Este fenómeno ha cobrado fuerza en el contexto de los acuerdos de NIL (nombre, imagen y semejanza), que están cambiando las reglas del juego en el deporte universitario estadounidense.

Según informes, lo que antes era una opción considerada por un grupo reducido, ahora se ha expandido notablemente. La posibilidad de acceder a becas, contratos publicitarios y un camino más rápido hacia el estrellato deportivo ha motivado a muchas familias a optar por esta alternativa educativa. Las cifras son elocuentes: se han registrado contratos millonarios, como el de un mariscal de campo de la Universidad de Miami que alcanzó los 9,5 millones de dólares.

Este auge también se refleja en el crecimiento de academias deportivas privadas. En San Clemente, California, el centro The Togethership ha visto a cerca de 60 estudiantes repetir un año, conocido como “año puente”, con costos familiares que pueden superar los 20.000 dólares. A medida que la presión por obtener una ventaja física se intensifica, se ha creado una industria multimillonaria que abarca desde academias hasta escuelas especializadas en distintas partes del país, ofreciendo programas que combinan entrenamiento deportivo, educación y asesoría nutricional.