La economía muchas veces ingresa en un estado crítico sin previo aviso. No siempre se presentan crisis evidentes; en cambio, hay comercios que abren más tarde, una disminución en la afluencia de clientes y empresarios que deben ajustar sus cuentas repetidamente para mantener la actividad. Esta es la situación que enfrentan miles de pequeñas y medianas empresas en la actualidad.

Las pymes son un pilar fundamental del tejido productivo nacional, representando la mayor fuente de empleo y dinamizando las economías locales. Sin embargo, en los últimos tiempos, su actividad no ha podido recuperar los niveles previos de 2023. Si bien algunos indicadores muestran mejorías aisladas, la recuperación es parcial, desigual y extremadamente vulnerable.

Lo más alarmante no es solo la bajada en la producción y las ventas, sino la continua disminución del consumo. Cuando el poder adquisitivo se ve afectado, el primer impacto se siente en los comercios locales, en la industria que abastece el mercado interno y en los servicios que forman parte de la vida cotidiana. Este fenómeno se traduce en un panorama en el que las pymes operan sin previsibilidad y muchas veces sin márgenes de rentabilidad, lo que pone en riesgo su existencia y, por ende, el crecimiento del país.