El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha presentado un informe que anticipa un crecimiento económico del 7,4% para Venezuela en 2026, a la vez que prevé una inflación descontrolada de 271,6%. Esta proyección se produce en un contexto de transformación significativa en la estructura económica del país, especialmente en el sector petrolero, que se perfila como el motor principal de este incremento. Desde la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por parte de Estados Unidos el 3 de enero, han surgido cambios que han comenzado a redefinir el panorama económico en la nación suramericana.

La actividad petrolera, según lo estipulado por el PNUD, podría experimentar un crecimiento del 11,5%, alcanzando una producción de hasta 1.211.000 barriles por día. Esto implica un aumento del 12% en comparación con el promedio de 1.081.000 barriles del año anterior. En paralelo, se estima que el Producto Interno Bruto (PIB) no petrolero crecerá en un 6,9%. Este contexto de crecimiento, sin embargo, se presenta con la sombra de una inflación que sigue siendo uno de los principales desafíos para la economía venezolana, consolidando su posición como un riesgo macroeconómico persistente.

El informe del PNUD subraya que el nuevo escenario económico está marcado por cambios estructurales en las condiciones institucionales y regulatorias. La captura de Maduro ha llevado al gobierno actual, liderado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, a acercarse a Estados Unidos, país con el que se han reanudado relaciones después de siete años de tensiones. Este acercamiento ha facilitado una asociación energética a largo plazo y ha llevado a Washington a suavizar algunas de las sanciones que limitaban las exportaciones de petróleo y oro, así como el acceso al sistema financiero público de Venezuela.

La flexibilización de las restricciones comerciales ha permitido que la nación reanude la comercialización de su crudo, mejorando el acceso a insumos esenciales para su producción. El PNUD también destaca que ha habido una reestructuración profunda en la industria petrolera, impulsada tanto por cambios en la regulación como por la entrada de nuevos actores en el mercado. Se argumenta que la reforma de la Ley de Hidrocarburos, aprobada en enero por el Parlamento, ha creado condiciones más favorables para la inversión tanto nacional como extranjera, permitiendo una mayor participación de empresas internacionales y ofreciendo mayor flexibilidad operativa.

No obstante, el PNUD advierte sobre los condicionantes que este nuevo marco introduce en la gestión macroeconómica del país. Los ingresos por exportaciones ahora son gestionados a través de mecanismos que cuentan con supervisión internacional, lo que puede restringir la disponibilidad inmediata de divisas y limitar las posibilidades de expansión del gasto público en el corto plazo. Esta situación genera un escenario complejo donde la economía venezolana, a pesar de su aparente crecimiento, debe lidiar con restricciones que pueden afectar su estabilidad y desarrollo a largo plazo.

Finalmente, el PNUD destaca que la economía venezolana cerró el año 2025 con un crecimiento notable, aunque este se vio acompañado por una aceleración inflacionaria que alcanzó el 475,3% anual. Este aumento en la inflación se considera uno de los principales riesgos que enfrenta el país, lo que pone de manifiesto la fragilidad de su economía en medio de los cambios recientes. Así, las proyecciones del PNUD ofrecen una mirada esperanzadora hacia un futuro de crecimiento, pero también resaltan las serias dificultades que Venezuela debe superar para lograr una estabilidad económica sostenible.