La industria láctea argentina ha demostrado una notable resiliencia en el inicio del año, alcanzando cifras de producción que no se veían desde hace una década, a pesar del cierre de importantes empresas como Sancor y La Suipachense. Durante el primer cuatrimestre de 2023, la producción nacional de leche llegó a 3,5 millones de litros, un incremento del 9,3% en comparación con el promedio histórico para este mismo período desde 2015. Este crecimiento se ha visto impulsado principalmente por las exportaciones, dado que el mercado interno enfrenta una contracción significativa debido a factores económicos y cambios en los hábitos de consumo.
Según un informe presentado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la producción media diaria por tambo ha alcanzado un promedio de 3.287 litros en lo que va del año, lo que representa un aumento del 27% respecto a los últimos cinco años. Este crecimiento en la producción se ve reflejado en la estructura del sector, que ha experimentado una tendencia hacia la concentración en tambos de mayor escala, dejando en desventaja a los establecimientos más pequeños. Actualmente, existen 8.813 tambos registrados en el país, siendo Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires las provincias que concentran el 83% de la producción nacional.
Córdoba se destaca como líder en la producción láctea, aportando cerca de un millón de litros en lo que va del año, con un promedio diario de 3.666 litros por tambo. Por otro lado, en Santa Fe, se estima que hay aproximadamente 2.735 tambos activos, siendo la cuenca central la más productiva, aportando el 25% del total de la producción provincial, lo que equivale a cerca de 663 millones de litros anuales. En contraste, Buenos Aires, aunque tiene menos tambos en comparación con las otras dos provincias, reporta el mayor promedio de producción diaria por establecimiento.
La BCR ha señalado que esta dinámica de concentración productiva no es nueva y refleja una tendencia estructural que se ha consolidado en los últimos años. En 2010, solo el 5% de los tambos producía más de 10.000 litros de leche al día, mientras que hoy esa cifra ha aumentado a casi 30%. A su vez, los tambos de menor escala han visto disminuir su participación en la producción nacional en 11 puntos porcentuales, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los pequeños productores en este entorno competitivo.
En cuanto al consumo interno, la situación es preocupante. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), las ventas durante el primer cuatrimestre han disminuido un 1,5% en términos interanuales, siendo la leche en polvo la más afectada con una caída del 23,6%. La leche fluida también ha registrado un descenso del 2,1%, mientras que el consumo de quesos experimentó un leve incremento del 3,6%. Esta tendencia sugiere que los consumidores están priorizando precios más accesibles, lo que ha llevado a las empresas a implementar estrategias de promociones y descuentos para aumentar las ventas.
En resumen, la producción láctea argentina se encuentra en un momento de alta producción, a pesar de las dificultades económicas que enfrenta el sector. La concentración en tambos de mayor escala y la caída en el consumo interno presentan un panorama complejo y desafiante, que requerirá de estrategias innovadoras y adaptativas para asegurar la viabilidad de la industria láctea en Argentina a mediano y largo plazo. La capacidad de los productores para adaptarse a estas condiciones será vital para el futuro del sector.



