La industria automotriz atraviesa un momento crítico, marcado por la reciente decisión de Fate de cerrar su fábrica de neumáticos, lo que ha resultado en la pérdida de 920 empleos. Este cierre no solo refleja la crisis interna, sino que también pone de manifiesto la creciente influencia de las marcas chinas en el mercado automotor de Argentina y Brasil.

El cierre de la planta en Virreyes, anunciado por Javier Madanes Quintanilla, es un síntoma de un problema mayor: la dificultad de competir con los fabricantes chinos, quienes han logrado posicionarse en la región. En una entrevista reciente, Martín Galdeano, presidente de Ford Sudamérica, expresó su preocupación por el futuro de la fabricación de automóviles en el país, señalando que los altos costos impositivos restan competitividad a los vehículos argentinos en el mercado internacional.

La situación es similar para otras empresas, como Bridgestone y Pirelli, que también están sintiendo el impacto de la crisis. Mientras tanto, marcas como BYD, Great Wall y Chery ya están produciendo automóviles en Brasil, con la intención de exportarlos a Argentina. La clave estará en cómo se implementen estas operaciones y bajo qué condiciones se llevará a cabo la importación, ya que la instalación de fábricas en la región podría cambiar el panorama actual de la competencia en el sector automotriz.