En un contexto de creciente inestabilidad económica, Pakistán anunció un nuevo aumento en los precios de la gasolina y el diésel, efectivo desde el viernes. Este ajuste se produce tras un histórico incremento del 20% registrado en marzo, consecuencia de la interrupción de suministros internacionales causada por el conflicto en Oriente Medio, que ha repercutido en la economía del país. El ministro de Petróleo, Ali Pervaiz Malik, comunicó la medida en una conferencia de prensa, donde detalló que el precio de la gasolina subirá en torno al 43%, alcanzando las 458,40 rupias (aproximadamente 1,65 dólares), mientras que el diésel experimentará un aumento cercano al 55%, situándose en 520,35 rupias (1,87 dólares) por litro.
Este segundo ajuste en menos de un mes pone de manifiesto la difícil situación que atraviesa Pakistán, donde las decisiones económicas son consideradas como "difíciles y responsables" por parte de las autoridades. Malik justificó este aumento tras consultar con altos funcionarios del gobierno, incluyendo al presidente Asif Zardari y el primer ministro Shehbaz Sharif, así como con líderes provinciales y la cúpula militar. La necesidad de tomar medidas drásticas es evidente, dado que el país depende en gran medida de las importaciones de combustible, lo que lo hace vulnerable a la volatilidad en los mercados internacionales.
El aumento de marzo ya había marcado un récord en la historia del país, y las repercusiones de esta nueva subida generan preocupación en la población y en los sectores productivos. Para mitigar el impacto de estos incrementos en los precios de los combustibles, el gobierno ha implementado un conjunto de ayudas dirigidas a los sectores más afectados. El ministro de Finanzas, Muhammad Aurangzeb, anunció subsidios específicos para los usuarios de motocicletas, que recibirán 100 rupias (0,36 dólares) por litro, con un tope de 20 litros al mes durante un período de tres meses.
Además, se establecerán compensaciones para los pequeños agricultores, quienes recibirán un pago único de 1.500 rupias (5,40 dólares) por acre. Esta medida se toma en un momento crucial, ya que coincide con la temporada de cosechas, donde el encarecimiento del diésel puede impactar significativamente en la producción agrícola, un sector que representa aproximadamente el 25% del Producto Bruto Interno (PBI) del país. La situación se complica aún más para los transportistas, quienes también recibirán subsidios directos, con montos que varían desde 70.000 hasta 100.000 rupias (entre 252 y 360 dólares) mensuales, dependiendo del tipo de vehículo.
Las autoridades han subrayado que dichos subsidios serán revisados mensualmente, en función de la evolución de los mercados energéticos internacionales. Esto refleja no solo la incertidumbre que enfrenta el país, sino también la necesidad de adaptarse rápidamente a un entorno económico en constante cambio. La dependencia de Pakistán de los combustibles importados ha dejado al país expuesto a las fluctuaciones de precios y a las tensiones geopolíticas, en particular debido a la inestabilidad en la región y su relación con Irán.
El conflicto en Oriente Medio ha complicado aún más la situación, ya que ha interrumpido las rutas de suministro, especialmente a través del estratégico Estrecho de Ormuz, vital para el tránsito de petróleo en el mundo. Así, Pakistán se enfrenta a un panorama desafiante, donde los constantes aumentos en los precios de los combustibles no solo afectan a los consumidores individuales, sino también a la economía en su conjunto. La búsqueda de soluciones efectivas se torna imperativa, ya que la estabilidad económica del país dependerá en gran medida de la capacidad del gobierno para gestionar estos desafíos de manera eficiente.


